LA MUJER EN LA HISTORIA MILITAR

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Damas Legionarias
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miércoles, 13 de marzo de 2019

ROSA MARIA GARCÍA-MALEA, LA PRIMERA MUJER PILÓTO DE CAZA Y MIEMBRO DE "LA PATRULLA AGUILA"


La primera mujer piloto de caza: «Es un honor representar a España. Somos su imagen»

Entrevista a la capitán del Ejército del Aire Rosa María García-Malea

MADRIDActualizado:

La capitán Rosa María García-Malea, primera mujer en formar parte de la Patrulla Águila, posa con compañeros en la Academia de San Javier (Murcia)

Rosa María García-Malea es la primera mujer española que ha pilotado un F-18, capaz de alcanzar velocidades supersónicas. También es la primera mujer que sabe realizar una interceptación en vuelo y la primera en formar parte de las estrellas de las patrullas acrobáticas del Ejército del Aire, la patrulla Águila.Esta almeriense de 36 años, madre de tres hijos y casada con otro piloto del mismo cuerpo, se convirtió en el año 2007 en la primera española a los mandos de un caza F-18 del Ejército del Aire, y el pasado 30 de marzo fue cuando se produjo su «suelta» como piloto de la patrulla Águila. Recientemente, demostró en San Javier sus habilidades al mando de un «Mirlo», cuando surcó el cielo junto a sus compañeros haciendo acrobacias imposibles. Asegura sentirse «una más» y recuerda cuando sus colegas la bautizaron el primer día que voló sola. Como es costumbre, le echaron dos cubos de agua al bajar de su avión.

-¿Cuándo descubrió que quería ser piloto?
-Siempre ha estado presente en mi cabeza. Desde pequeña siempre he querido ser piloto, militar y del Ejército del Aire. La especialidad de caza y ataque vino después, pero la patrulla Águila, que es lo más conocido del Ejército e incluso de España, siempre ha estado entre mis objetivos.

-¿Qué representa ser la primera mujer piloto de combate del Ejército español?
-Para mí es un privilegio, pero quizá no por ser mujer, sino como el resto de mis compañeros. Formar parte de este equipo es algo exclusivo, no todo el mundo puede. Es un honor ir representando a España. Somos la imagen de un país y de unas personas, fuera y dentro. Es mucha responsabilidad, pero como los demás. No hay nada diferente.

-¿Cuál es su próximo reto?
-Voy día a día y el reto es que la siguiente exhibición salga mejor que la anterior. Paso a paso. Me queda mucho por delante y la temporada de exhibiciones aún no ha empezado y ni siquiera he terminado mi plan de instrucción. Sigo entrenando para conseguir estar a un nivel igual que mis compañeros que llevan muchos años en la patrulla.

-¿Cómo se prepara un piloto de la patrulla Águila?
-Hay unos vuelos que hacemos con doble mando. Llevamos a un instructor detrás, que normalmente es el que hacía lo que vas a hacer tú este año. Hay una serie de vuelos que hay que hacer con instructor, hasta que él considera que ya puedes volar sola. Luego eres tú, tu avión y el resto de la patrulla. Suele ser en el décimo vuelo.

-¿Qué avión prefiere, su «Mirlo» o el F-18?
-Cada momento tiene su avión y ahora mismo estoy en este y me quedo con él, porque estoy viviendo un sueño. Pero para mí el F-18 es muy especial. Tengo 800 horas de vuelo, aproximadamente, con él.
-¿Es fácil compaginar el trabajo militar y su dedicación a la patrulla con su vida familiar?
-Hay que hacer encaje de bolillos. Pero se hace, como en todas las familias. Soy madre de tres hijos y a veces se necesita ayuda porque es difícil compaginar las salidas de la patrulla, los viajes, misiones en el extranjero... Pero se hace y se puede con ello.

domingo, 10 de marzo de 2019

UN CONDUCTOR SUFRE EN UN AMAGO DE INFARTO AL VOLANTE Y UNA GUARDIA CIVIL CUIDAD DE SU BEBE


Una guardia civil cuida de un bebé cuyo padre había sufrido un amago de infarto al volante

El gesto de la agente ha recibido cientos de comentarios que aplauden lo que hizo

 

Actualizado:

El gesto de una agente de la Guardia Civil está siendo aplaudido por cientos de usuarios en Twitter. La Benemérita ha compartido una imagen en la que se ve a una agente del Subsector de Tráfico alimentar a un bebé cuyos padres estaban siendo atendidos por los agentes, después de que el progenitor hubiera sufrido un amago de infarto mientras conducía.

«Su papá había sufrido un amago de infarto mientras conducía y la mamá estaba nerviosa. Nuestra compañera del Subsector de Tráfico de la @guardiacivil de #LasPalmasGranCanaria no dudó en hacerse cargo del bebé y darle de comer. Un auxilio en carretera de lo más peculiar», recoge la publicación.

La publicación ha recibido casi dos mil retuits y cientos de comentarios de personas que aplauden la labor de la agente. «Esos gestos salen del corazón, como no podrían ser de otra manera, gracias a todos y todas», «una imagen vale mas que mil palabras, orgulloso de nuestra Guardia Civil...», «bravo a la Benemérita» son algunos de ellos.


viernes, 8 de marzo de 2019

CUATRO MUJERES SOLDADO HABLAN SOBRE LA VIDA DE LA MUJER EN EL EJÉRCITO

Los nombres de mujer en el Ejército en Salamanca

Ingenieras militares, con bagaje en misiones y puestos de mando, hablan: “La mayor aportación de la mujer a las Fuerzas Armadas es el hecho que nos diferencia: cualidades organizativas, conciliadoras, sensibilidad y empatía”

Noelia Burcio, Cristina Ramos y Sofía Monroy, ingenieras militares del Regimiento de Salamanca. | almeida

Setenta kilómetros de carrera por la zona más árida de Almería. “La Desértica” es una las carreras legionarias de ultrafondo más duras de España, con una brutal exigencia física pero sobre todo mental. Para las cabos primero Sofía Monroy y Noelia Burcio, de 43 y 42 años, del Regimiento de Ingenieros de Salamanca, no hay reto insuperable. El pasado fin de semana los 50,5 kilómetros de la carrera “Cuna de la Legión” en Ceuta seguro les supieron a poco, tras “La Desértica”. Estas compañeras iniciaron carrera militar hace dos décadas compartiendo habitación con literas en el Arroquia. Por entonces pocas mujeres pisaban los cuarteles. A las puertas del Día de la Mujer Trabajadora y 30 años después de la incorporación de la mujer al Ejército, tres militares ingenieras nos hablan de lo que supone la presencia femenina en las Fuerzas Armadas.

“Cuando yo vine éramos unas treinta mujeres. Había muy poquitas. Mi padre me decía que dónde iba con veinte años. Sí que es verdad que al principio los hombres no sabían cómo tratarte y estaban a la expectativa, pero poco a poco se fueron adaptando. Yo era la única de una sección pero el trato siempre fue impecable, nunca he tenido problemas con los compañeros de la sección”, relata Monroy, experta en el manejo de todo tipo de vehículos y maquinarias, desde autobuses, camiones con remolque, volquetes con arena... No hay carné de conducir que se le resista. Zamorana de nacimiento, atraída por esos anuncios que escuchaba en la radio, se animó a inscribirse en el Ejército. “Al principio no sabía si me adaptaría a la disciplina militar pero fue bien porque soy bastante tranquila. Soy muy sacrificada, me gusta el compañerismo y vine al Regimiento de Ingenieros con la plaza. Sabía que se salía mucho de misión y que tenía opciones de conducir vehículos y máquinas”, cuenta la cabo primero que ya ha logrado la permanencia y se siente feliz con su “familia militar”. Eso sí, no descarta cambiar de destino y conocer otra unidad.

“Me sorprende que en 30 años una institución tan masculina como el Ejército se haya adaptado tan bien al cambio y a la llegada de la mujer”, opina su compañera Noelia Burcio, cacereña y militar vocacional con cinco misiones en su currículum, que tiene claro que la “mayor” aportación de las mujeres en 30 años en las Fuerzas Armadas es el hecho que las diferencia: “Son nuestras cualidades organizativas, conciliadoras, la sensibilidad, la empatía... El Ejército no tenía el punto de vista que teníamos nosotras. Le hemos aportado lo que les faltaba a ellos”, responde la cabo primero que defiende el trato recibido por el personal más veterano. “Algunos llevaban 40 años de carrera militar sin mujeres y los dos últimos años cuando llegamos nosotras se adaptaron muy bien. Es cierto que no sabían cómo tratarnos y tenían un cuidado tremendo. Nunca he vivido algún episodio en el que me haya sentido discriminada o incómoda”, responde la ingeniera militar de Carcaboso que ha acudido a misiones en Kosovo, el tsunami de Indonesia, el terremoto de Pakistán, y las últimas en Afganistán e Irak.

“No tengo que ser como un hombre, pero eso sí, tengo que llegar donde llegan ellos. Para eso me tocará entrenar más o ingeniármelas. Y ellos llegar donde llego yo”, subraya. Tras cinco años montando puentes, y otros tantos en obras en el batallón de Caminos, ahora ha pasado a asuntos institucionales y protocolo, pero tiene muy claro que su mochila la lleva ella: “Igual tardo dos minutos más en mover una pieza porque pesa pero nunca he dejado que me la lleven. Es cierto que el nuestro es un trabajo muy físico, sobre todo duro cuando montamos puentes, pero entrenaba mucho más para hacer lo mismo que un hombre”.

En las diferentes secciones y batallones del Regimiento de Ingenieros de Salamanca impera la jerarquía militar y no el sexo: “El que manda no es una mujer, sino una teniente o cabo primero”, matiza Noelia Burcio, que ha sido jefa de pelotón. “Hay gente que no le gusta que le mande, pero no por ser mujer sino porque no le gusta que le mande nadie. No ha sido por un tema de género”.
“Cuando yo vine éramos unas 30 mujeres. Al principio no sabían cómo tratarte pero se adaptaron bien”

Su compañera, la teniente Cristina Ramos, forma parte del Regimiento REI 11 desde hace 16 años. Esta criminóloga salmantina ejerce en la actualidad de jefa accidental de la compañía de la plana mayor de servicios del batallón de Castrametación. Ya en su primera misión en Afganistán en 2005, tan sólo 20 días después de haber llegado de la academia de Zaragoza, se encargó de mandar la sección de electricistas y fontaneros. “Tenía profesionales muy bien preparados. Sabían lo que tenían que hacer y funcionó todo muy bien”, destaca la teniente que pasó dos veces por Afganistán, ha estado en Hoyo de Manzanares en dos comisiones de servicio formando a tropa y acudió a los incendios de Galicia con la sección de ingenieros para preparar cortafuegos.
“No tengo que ser como un hombre, pero sí tengo que llegar donde llegan ellos. Para eso me toca entrenar más”

“Aquí no hay que demostrar más por ser mujer. Se valoran las acciones de la persona”, responde la ingeniera militar, para quien la presencia de la mujer en las Fuerzas Armadas “aporta una normalización de la sociedad”. Ramos se queja de la imagen distorsionada que se tiene fuera de lo que se hace en el Ejército: “Nosotras hacemos las marchas, las pruebas de unidad, vamos al tiro todos juntos. No hay división en cuestión de género y hay mandos tanto masculinos como femeninos”.
Para Cristina Ramos la experiencia más satisfactoria ha sido “conocer a gente con mucha profesionalidad”. “El compañerismo es el mejor valor aquí, además de la educación y la disciplina”, responde la teniente que entró en tropa “para probar” y ahora no concibe su vida sin el Ejército.
Lo mismo les pasa a las cabos primero Monroy y Burcio, orgullosas de ponerse cada día el uniforme militar, que coinciden en que lo mejor de su trayectoria ha sido “salir de misión”.
“Aquí impera la jerarquía no el sexo. El que manda no es una mujer sino una teniente o una cabo primero”

“Es todo lo que se crea cuando vas de misión. El compañerismo, el sacrificio... nunca llegas a saber todo lo que el cuerpo aguanta. Me gustan los retos, las carreras de ultrafondo y soy muy optimista”, confiesa Sofía Monroy, que con una hija de ocho años ha podido disfrutar de la conciliación tanto con flexibilidad horaria como con reducción de jornada, algo que hace años no existía. “He tenido compañeras que no la han podido disfrutar y no cabe duda de que es un avance”, destaca.
A Noelia Burcio todas las misiones, “hasta la peor de todas”, le han aportado una gran experiencia vital, sobre todo a la hora de convivir con otras personas y otras culturas. “En Afganistán registraba a las mujeres civiles que entraban a la base a trabajar. Pasaba el detector de metales a mujeres con burka dos o tres veces al día y eso tiene un peso psicológico porque tienes miedo. Unas misiones son duras en ese sentido, pero las de ayuda humanitaria te hacen valorar muchísimo más lo que más tienes”, reconoce la ingeniera militar que no olvida esas navidades en un país devastado por el tsunami como Indonesia.

La diferencia por género se diluye aún más cuando los militares acuden a una misión. “Cuando fuimos a Besmayah, en Irak, a construir la Base Gran Capitán, los ingenieros éramos los últimos en alojarnos y estábamos en tiendas. A nosotras nos ofertaron vivir donde estaban las otras mujeres y preferimos quedarnos en las tiendas con nuestra unidad. Quieres estar con tu gente. Al final sufres lo mismo y es lo que te une y te hace más llevadera la misión”, relata la cabo primero cacereña, que recuerda como una mera anécdota el hecho de tener que compartir las instalaciones de baños y duchas con los hombres. “Se normaliza tanto que nadie tiene en cuenta nada”.
El hecho de ser militar y mujer tan sólo les chocaba a los proveedores iraquíes musulmanes con los que estas ingenieras militares salmantinas tenían que tratar a diario de tú a tú. “Se extrañaban por tener que negociar con mujeres, algo que en su cultura es impensable, y no les gustaba porque nosotras somos más inflexibles que los hombres”, revelan entre risas. Es tiempo de las mujeres, como dice la campaña estatal para el 8M. También en el Ejército.













































































































































8 MARZO LA MUJER EN LAS FUERZAS ARMADAS


¡A sus órdenes, señoras! El desembarco de las mujeres en el Ejército

8 de marzo. Día de la Mujer

PABLO HERRAIZ
  • 8 MAR. 2019 01:38


La brigada Patricia Navarro, mecánica de un avión apagafuegos. SERGIO GONZÁLEZ

Ya han pasado 30 años desde que las primeras mujeres entraron en el Ejército. En España su porcentaje está en minoría con un 12%, pero es superior al 10% de los otros países de la OTAN

Si todo sigue su curso, al menos una de las siete coroneles que hay en la actualidad llegará en breve a ser la primera general, y para las demás es cuestión de tiempo
Ya va la tercera ministra de Defensa, con Margarita Robles al frente, tras María Dolores de Cospedal y Carme Chacón. Hay mujeres pilotos, médicos, combatientes, marinas... Y altos cargos en el ministerio, como la jefa de Gabinete o varias directoras generales. Por tanto, no se trata de contar la novedad, que ya no lo es, sino todo lo contrario. Las protagonistas de hoy reivindican que su entrevista podría haber salido cualquier otro día diferente a este 8-M porque en sus puestos es el día a día lo que cuenta más que una fecha señalada. Esta es ya la normalidad en la institución que en el pasado quizá fue la más masculina de todas.

Por ejemplo, la coronel médico Ana Betegón es la primera mujer que dirige un hospital militar (el Hospital General de la Defensa de Zaragoza) y ha sido la primera en muchas otras cosas. Lleva desde 1990 en las Fuerzas Armadas. «Primero decidí ser médico, porque cuando acabé la carrera, en 1986, todavía no podían entrar mujeres al Ejército. Quizá porque me casé en el 87 con un teniente veterinario empecé a conocer la vida militar y a apreciarla. Y hoy estoy orgullosa de ser médico militar. Mi ambición es llegar a lo máximo, o sea, a general, pero sobre todo mi ambición actual consiste en dirigir bien el hospital», explica. Ha pasado por muchos sitios porque pertenece a los Cuerpos Comunes, que pueden prestar servicio en los tres ejércitos. Su primer destino fue en El Goloso como jefa de la Compañía de Sanidad. Enseñó a buceadores de la Sección de Actividades Anfibias de la Academia de Ingenieros.

Entre muchos lugares, pasó un año forzoso en Bilbao, cuando no había voluntarios para ir al País Vasco: «Eso fue al mes de tener a mi primera hija», recuerda, «y entonces no se hablaba de conciliación ni nada parecido; no existía el concepto. Pero pese a que entre mi marido y yo hemos estado mucho tiempo fuera de casa, nuestras dos hijas han optado por la vida militar. Así que han vivido el sacrificio, pero también se les ha contagiado la pasión de sus padres», dice.

Ana ha estado seis veces en Afganistán, donde tuvo oportunidad de practicar la Telemedicina, que consiste en trabajar a distancia con especialistas para diagnosticar pacientes, con vídeos de alta resolución y envío en tiempo real de datos médicos. Fue también la primera mujer en mandar un hospital de campaña en zona de combate, y allí también pasó por los helicópteros del MEDEVAC, algo así como un 112 en zona de guerra: helicópteros medicalizados y armados para evacuar heridos.

Tras casi 30 años, es categórica: «No he tenido ni un problema en mi vida por ser mujer en el Ejército. Si acaso, ahora siento algo de discriminación positiva, pero lo cierto también es que lo que tengo me lo he ganado trabajando duro».


La coronel médico Ana Betegón, directora del hospital militar de Zaragoza.

Adoración Mateos, Dora, la única civil de este reportaje, es la directora general de Personal del Ministerio de Defensa, donde lleva ocho años. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado y de ella dependen «la planificación de efectivos del personal militar (122.998) y del personal civil (17.646) del ministerio», como explica ella misma. En la gestión de personal, tiene tareas fundamentales para seguir integrando a la mujer en las FAS: «Tengo que impulsar y desarrollar las políticas sociales y de igualdad, concretamente la coordinación de las políticas de igualdad, la dirección de la acción social, la gestión de las pensiones militares, el apoyo continuado a los heridos y a los familiares de los fallecidos y heridos en acto de servicio y la atención al personal militar con discapacidad».

Dora explica que «las Fuerzas Armadas han experimentado una importante transformación y evolución». Primero, por la dimensión internacional que han adquirido desde su primera misión en 1989; segundo, por la reorganización operativa y territorial; tercero, por la incorporación de la mujer desde 1988 (en la actualidad hay 15.443 mujeres), y cuarto, la profesionalización del Ejército en 2002.

Como digenper (a los militares les chiflan las siglas y términos raros), Dora sabe que «las militares van asumiendo responsabilidades conforme alcanzan empleos superiores [...] y todas han demostrado su capacidad de liderazgo y responsabilidad. Hay mujeres pilotando aviones F-18, al mando de buques y unidades tipo batallón». Además, añade que hay una «estructura permanente para el impulso de la igualdad desde 2005: el Observatorio Militar para la Igualdad entre mujeres y hombres en las Fuerzas Armadas», que la OSCE, la OTAN y la UE consideran una referencia.

Mari Luz sargento 1º


EN EL LÍBANO Y AFAGANISTÁN PASÉ LOS MEJORES MESES DE MI VIDA, ALLÍ HICE LO QUE SIEMPRE HABÍA QUERIDO HACER

Por centrar la mirada en el Ejército de Tierra: la cabo 1º Sandra Perales, militar desde 1998, en cuanto cumplió los 18, con vocación familiar (bisabuelo y abuelo militares), eligió Artillería para estar cerca de su familia, en Palma de Mallorca, en un regimiento que apenas tenía dos o tres mujeres. Hasta 2009 estuvo en un pelotón de Mistral, un tipo de misiles que se llevan, literalmente, a cuestas. En 2006 fue a Bosnia como jefa de pelotón y para entonces ya llevaba años aficionada a la esgrima: «Empecé con la espada y luego también me dediqué al florete. Estuve compitiendo nivel profesional y gané varios torneos, pero tuve que parar en 2009 porque estaba embarazada», recuerda. Y sin embargo, eso no fue obstáculo para volver a luchar, y este año ha ganado la medalla de oro del Ejército de Tierra en las dos armas. Concilia bien, porque «la vida cuartelera ha cambiado, y ahora se parece más a un trabajo como los demás, aunque esto sea más un estilo de vida que un trabajo».
Aun así, cree que «en la vida militar hay que conciliar un poco más que en otras profesiones, aunque haya muchas facilidades. Mi marido es también militar y en parejas militares es normal que uno se sacrifique más. A veces uno se tiene que ir a una misión y el otro se queda aquí solo. Pero todo es hablarlo en pareja». Ahora, a punto de cumplir 40 años, Sandra sigue apasionada con la espada, tiene dos niñas, todos los carnés de conducir (le encantan los vehículos militares) y espera ascender a cabo mayor.

También en los 90, la sargento 1º Mariluz Vázquez Núñez («todos me llaman Núñez, porque en mi curso ya había muchos Vázquez», apunta) entró en la Armada y acabó en Infantería de Marina, la primera avanzada de soldados que se proyecta a tierra desde el mar. Es un trabajo cuyo riesgo ha exprimido 18 años. Fue fusilero en Canarias, estuvo en Seguridad de Transportes en Ferrol y cuando ascendió a cabo y después a cabo 1º se fue a la Brigada de Infantería de Marina. Allí fue la primera y, hasta la fecha, única mujer en entrar en los ACAF [volvemos a las siglas...], que son los equipos de élite que apoyan los ataques aéreos, terrestres y navales en las zonas de conflicto. Precisamente con estos equipos fue al Líbano en 2006 y a Afganistán en 2008, donde le reconocieron el valor por sus actuaciones en combate: «Fueron los mejores meses de mi vida, allí hice lo que siempre había querido hacer. No pensaba en el miedo, porque para eso te han entrenado», explica. Cuando pasó a los llamados Equipos Operativos de Seguridad, se convirtió en la jefa de 10 personas de las que depende toda la seguridad de un barco. Viajó al Mediterráneo y la costa oeste de África: «Allí hacíamos adiestramiento a los militares africanos, y les chocaba ver a una mujer que además fuera la jefa del equipo. Allí todavía es muy raro ver mujeres militares». Vázquez tiene ahora un niño de dos años y las aventuras son otras. Desde que ascendió a sargento trabaja en Madrid, y ahora es auxiliar del capitán de la compañía en la que está destinada. Pero lo tiene claro: «El Ejército me hace sentir orgullosa de mí misma. En él puedes crecer todo lo que quieras: estar tranquila o no parar. Yo estoy feliz de haber exprimido al máximo mis años operativos».



EN LA VIDA MILITAR HAY QUE CONCILIAR UN POCO MÁS QUE EN OTRAS PROFESIONES, AUNQUE HAYA MUCHAS FACILIDADES

En cuanto a años operativos, los 23 (y lo que queda) que lleva la brigada del Ejército del Aire Patricia Navarro como mecánico de los aviones del 43 Grupo. Para entendernos: los hidroaviones rojos y amarillos que apagan incendios. ¿Por qué se metió en esto? «Soy de Zaragoza y mi padre trabajaba como civil en la base americana. Cuando iba de pequeña con él, veía a las militares y le decía: 'Yo quiero ser como ellas', y él me contestaba: 'Las mujeres en España no pueden', porque todavía no estaba permitido, y yo le contestaba: '¡Pues me iré a América!'». Ahora lleva unas 3.500 horas de vuelo y dos o tres días por semana, como poco, vuela. Entró en el 96 y, aunque los aviones ahora están adscritos a la UME, siempre ha estado en lo mismo: extinguir fuegos. De ella depende la seguridad del vuelo, revisa el avión antes y después, y en el aire va con los pilotos controlando que todo vaya bien.

También hace de «mecánica probadora», que son los que vuelan para probar el avión tras una revisión importante. Los apagafuegos son otra manera de volar, porque vuelan raso, suben, bajan, improvisan... «Habré estado en unos cientos de incendios, pero recuerdo especialmente el de Guadalajara de 2005 [murieron 11 bomberos]. Nunca había visto unas llamas tan altas», recuerda.
u temporada fuerte va de junio a mediados de octubre: «Trabajamos un día sí y uno no. En verano ya sabes que te puede tocar salir en cualquier momento, y también fuera: a Portugal, Francia, Italia, Grecia...».
Patricia estudió en la academia de León y desde entonces ha estado sobre todo en Torrejón, aunque siempre viajando. «Lo que más me gusta de mi trabajo es ayudar a la gente, y en el futuro me gustaría ayudar también a mejorar las condiciones de los suboficiales como yo, que se sientan orgullosos de serlo».




La directora general de Personal del Ministerio de Defensa, Adoración Mateos. SERGIO GONZÁLEZ



EL 21 DE MARZO SABREMOS SI EL EJÉRCITO TENDRÁ SU PRIMERO MUJER GENERAL

La fecha clave para saber si el Ejército tendrá la primera mujer general


Tras el 21 de marzo, la ministra Robles tendrá aún hasta seis Consejos de Ministros

 para nombrar al coronel Ortega como primera general




La fecha clave para saber si el Ejército tendrá la primera mujer general
La coronel Patricia Ortega / MDE
Esteban Villarejoel 08 mar, 2019  

El 21 de marzo será una fecha clave para saber si el Ejército español tendrá su primera general en 2019, uno de los grandes objetivos de Margarita Robles como ministra de Defensa.
Según fuentes militares consultadas, ese día terminará la evaluación del Consejo Superior del Ejército de Tierra, donde se elabora la clasificación final de los aspirantes a general, entre los que se encuentra la coronel Patricia Ortega, militar del cuerpo de Ingenieros Politécnicos del Ejército de Tierra (especialidad de Construcción).
Actualmente, la coronel Ortega se encuentra finalizando el curso formativo de ascenso a general (finaliza el 15 de marzo con la clausura de la ministra). Este curso lo suelen pasar la gran mayoría de los aspirantes sin dificultad. Sin embargo, pasar ese curso no te convierte en un futuro general. La clasificación que establezca el Consejo Superior del Ejército de Tierra y, después, la propuesta que haga la ministra de Defensa para ser aprobado el nombramiento en el Consejo de Ministros son las otras dos condiciones necesarias para su nombramiento como general.

Patricia Ortega, cuando era teniente coronel / MDE

Es decir, una vez efectuada la evaluación, el Gobierno de Pedro Sánchez tendría aún seis Consejos de Ministros para aprobar el ascenso a general de la coronel Ortega antes de las elecciones del 28 de abril. Si lo aprueba el Consejo de Ministros, ese ascenso no es inmediato sino cuando se produzca la vacante para general en su especialidad: ahora hay dos generales de brigada de Ingenieros Politécnicos con especialidad de Construcción, uno de ellos en la estructura del Ejército y otro en la del Ministerio de Defensa. Estas dos plazas son a las que aspiraría la coronel Ortega.
“Una vez decidido por el Consejo de Ministros, el ascenso de la coronel Ortega u otro de los aspirantes podría producirse el 1 de julio, fecha en la que empieza el ciclo de ascenso. Es decir, existen las condiciones, pero la decisión final es de la ministra de Defensa”, subrayan las mismas fuentes.
15.286 MUJERES EN LAS FUERZAS ARMADAS
Según datos del Ministerio de Defensa, el porcentaje de mujeres en nuestras Fuerzas Armadas es del 12,7%, superando a la media de los países de la OTAN que es del 10,9%.
«Dicha cifra se encuentra por debajo de la de las naciones con mayor experiencia en este ámbito —EE.UU. (14,5%) y Francia (19%)—, pero por encima de otras, como Alemania (9,3%), Países Bajos (9%), Reino Unido (9%) e Italia (3%)», informan.
De las 15.286 militares españolas, 8.926 forman parte del Ejército de Tierra (58,4%), 2.674 de la Armada Española (17,5%), 2.881 del Ejército del Aire (18,8%) y 805 (5,3%) de los Cuerpos Comunes. En la escala de oficiales tres mujeres han alcanzado ya el grado de coronel.
La mayoría de ellas (81,4%) presta servicio en la escala de tropa y marinería. El personal femenino representa el 8,9% de los oficiales, el 5% de los suboficiales y el 16,3% de los soldados y marineros.

viernes, 1 de marzo de 2019

LA MONJA ALFEREZ

CATALINA DE ERAUSO, LA MONJA ALFÉREZ


Catalina de Erauso fue monja y militar que luchó en la Guerra de Arauco, en 1619, donde ganó gran fama por haber recuperado una bandera española arrebatada por los indios. Fue conocida como la Monja Alférez.

Este personaje femenino fue uno de los más controvertidos del Siglo de Oro español, generando más de un debate entre la intelectualidad del momento, pero consiguió ganarse el respeto y admiración de muchos que la consideraron una heroína.


En la actualidad sigue siendo una fuente de inspiración para escritores, dramaturgos, directores de cine y artistas plásticos tanto españoles como extranjeros. Literatos el mundo anglosajón la denominaron Lieutenant Nun.
CATALINA DE ERAUSO



Nacida en San Sebastián en 1592, Catalina de Erauso y Pérez Galarraga era hija del militar Miguel de Erauso y de María Pérez de Gallárraga y Arce. A los cuatro años fue internada en el convento de San Sebastián el Antiguo, del que una tía suya era la priora, donde pasó su niñez y su adolescencia, llevando una austera vida monacal de oración y disciplina.

Sin embargo, su carácter inquieto y rebelde no era muy apropiado para la vida enclaustrada. Tras una pelea con una novicia, en la que recibió varios golpes, fue encerrada en su celda de la que escapó disfrazada de campesino, marchándose del convento para siempre en 1607. 

Ya no abandonó su disfraz, su identidad desapareció. Siempre vestida como un hombre y con el pelo cortado a manera masculina, adoptó nombres diferentes, como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán o Antonio de Erauso. Su aspecto físico le ayudó a ocultar su condición femenina ya que fue una mujer de gran estatura, más bien fea y sin unos caracteres sexuales femeninos muy marcados. Pedro de la Valle escribió sobre ella que "no tiene pechos, que desde muchacha me dijo haber hecho no sé que remedios para secarlos y dejarla llana como le quedaron...". También se escribió que nunca se bañaba, y que debió adoptar comportamientos masculinos para así poder ocultar su verdadera identidad.


ESCULTURA EN LOS JARDINES DE MIRAMAR, SAN SEBASTIÁN

Pasó entonces a vivir en los bosques y a alimentarse de hierbas, a viajar de pueblo en pueblo, temerosa de ser reconocida, hasta que llegó a Valladolid, y de nuevo, a Bilbao. Finalmente, llegó a Sanlúcar de Barrameda, y se embarcó trabajando como grumete en uno de los grandes navíos de la Carrera de Indias que traen a España la plata extraída de las minas americanas. Curiosamente, el patrón de esa nave era Esteban Eguiño, tío de Catalina, aunque aquel nunca reconoció a su sobrina.

Desembarcó en Araya (Venezuela) y marchó a Cartagena (Colombia). En América desempeñó diversos oficios, primero trabajó en Trujillo, más tarde, llegó a Lima, en el Virreinato del Perú, donde se alistó como soldado bajo el mando de distintos capitanes

En 1619, viajó a Chile, donde, al servicio de la Monarquía hispánica, participó en diversas guerras de conquista. En la Guerra de Araucco contra los mapuches, consiguió ganarse la fama de valiente y hábil con las armas, estacada en el combate y sin revelar que era una mujer. Durante una batalla, en un acto de valor heroico recuperó la bandera, que les habían arrebatado. En este lance recibió tres flechazos y una lanzada, por los mapuches, así como el grado de alférez por sus mandos. 

Así relató su hazaña:
"Llegándoles socorro, nos fue mal y nos mataron mucha gente y capitanes, y a mi alferéz, y llevaron la bandera. Viéndola llevar, partimos tras ella yo y dos soldados de a caballo por medio de gran multitud, atropellando y matando, y recibiendo daño: en breve cayó muerto uno de los tres. Proseguimos los dos. Llegamos a la bandera, cayó de un bote de lanza mi compañero. Yo recibí un mal golpe en una pierna, maté al cacique que la llevaba y quitésela, y apreté con mi caballo, atropellando, matando e hiriendo a infinidad, pero malherido y pasado de tres flechas y de una lanza en el hombro ixquierdo, que sentía mucho."

Catalina descubrió que uno de sus mandos militares era su hermano Miguel de Erauso, el cual no consiguió reconocerle pues tenía dos años cuando él marcho a América. Por otra parte, ella no reveló su identidad, pero si que le estuvo comentando que era de su misma ciudad y sobre de conocidos y lugares comunes. Miguel acogió a Catalina en su tropa, persuadido de tener junto a sí a un paisano, además con notables virtudes militares.

Durante estos años se vio envuelta en numerosas peleas y disputas. Fue amante del juego, los caballos y el galanteo con mujeres como era normal entre los soldados españoles de la época. Pronto se ganó la fama de duelista arbitrario y peligroso espadachín. En Argentina fue condenada a muerte por un duelo en el mató a su contrincante. Ya en el cadalso y con la soga al cuello, fue dada orden de liberación por haber confesado los falsos testigos que habían provocado su detención.

En la ciudad de Concepción, actuó como padrino de un amigo durante uno de esos duelos. Tras el intercambio de golpes su amigo y su contrincante cayeron heridos al mismo tiempo. Según el protocolo, los padrinos continuaron el combate, Catalina tomó su arma y se enfrentó al padrino rival, hiriéndole de gravedad. Moribundo, éste dio a conocer su identidad, sabiendo entonces Catalina que se trataba de su hermano Miguel de Erauso. Sólo pudo huir.


INTERPRETACIÓN CINEMATOGRÁFICA DE CATALINA DE ERAUSO

Continuó enrolada en los campos de batalla de Chile y Perú, en Tucumá, Potosí, La Plata, Cochamba, Cruzco, Huamanga...

En otra ocasión, estando en la ciudad peruana de Huamanga en 1623, fue detenida a causa de una disputa. Para evitar ser ajusticiada, se vio obligada a pedir clemencia al obispo Agustín de Carvajal, contándole además que no podía ser ajusticiada por ser mujer y que había escapado hacía ya bastantes años de un convento. 

Ella misma lo narró así:
"Señor, la verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana, que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui al tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí y acullá; me embarqué, aporté, trajiné, maté, herí, maleé, correteé, hasta venir a para en los presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima."

Asombrado, el obispo determinó que un grupo de matronas la examinarían, comprobando que no sólo era mujer, sino virgen. Tras este examen y la demostración de tan extraordinario arrojo, recibió el apoyo del eclesiástico, quien evitó que Catalina fuese castigada por ejercer una falsa identidad e instalándola en el convento de Santa Clara de Huamanga, con el hábito correspondiente, bajo su tutela. 

El asunto llegó a oídos de la Corte, donde se interesan, no por la monja Catalina, sino por el heroico alférez de la Guerra de Arauco. 
En traje de civil, regresaba embarcada en la Armada del general vascongado Tomás de Larraspuru, natural de Azcoitia, que había prestado extraordinarios servicios a España limpiando de piratas el mar Caribe.

Fue recibida con honores por el rey Felipe IV, sorprendido gratamente por la historia de la donostiarra. El llamado "Rey Planeta", le confirmó su graduación y empleo militar, la llamó "monja alférez", autorizándola además a emplear su nombre masculino y le concedió una pensión de ochocientos escudos de renta. 

El memorial que dirigió Catalina al rey para solicitar su ayuda comenzaba con estas palabras:
"Señor: el alférez doña Catalina de Erauso, vecina y natural de la villa de San Sebastián, privicia de Guipúzcoa, dice: que en tiempo de diez y nueve años a esta parte, los quince ha empleado en servicio de Vuestra Majestad en las guerras del reino de Chile e indios del Perú, habiendo pasado a aquellas partes en hábito de varón, por particular inclinación que tuvo de ejercitar las armas en defensa de la fe católica y emplearse en servicios de Vuestra Majestad."

Algo más tarde, mientras su nombre y aventuras se extendían por Europa, Catalina viajó a Roma, quizás para arreglar de la mejor forma posible su extravagante situación personal. El papa Urbano VIII, le recibió en audiencia, escuchó su historia y le autorizó, de forma excepcional, a continuar usando su vestimenta de hombre, pero sin reincidir en más delitos y alborotos. 

De esta forma lo escribió:
"Partí de Génova a Roma. Besé el pie a la Santidad de Urbano VIII, y referíle en breve y lo mejor que supe mi vida y correrías, mi sexo y virginidad. Mostró Su Santidad extrañar tal cosa, y con afabilidad me concedió licencia para proseguir mi vida en hábito de hombre, encargóme la prosecución honesta en adelante y la abstinencia de ofender al prójimo. Hízose el caso allí notorio, y fue notable el confuso de que me vi cercado: personajes, príncipes, obispos, cardenales."

ITINERARIO DEL VIAJE DE ERAUSO POR AMÉRICA DEL SUR

También fue recibida por varios cardenales. Uno de ellos, el italiano Magallón, que no debía de sentir gran simpatía por los españoles, le dijo tras conocer sus aventuras que no tenía más falta que ser español, a lo que respondió la guipuzcoana:
"A mi me parece señor, debajo de la corrección que se debe a Vuestra Señoría Ilustrísima, que no tengo otra cosa buena."

Las jornadas italianas de Catalina, en efecto, fueron de fama y agasajo. Hasta que un día se cansó y marchó a Nápoles para embarcar de regreso a España. Su presencia en Nápoles también suscitó admiración. Paseando por el puerto de aquella ciudad, comentó en sus memorias que unas jovencitas acompañadas de unos mozalbetes quisieron burlarse de ella diciéndole: "Signora Catalina, dove si cammina?"; a lo que ella respondió: "A darles a ustedes unos pescozones, señoras putas, y unas cuchilladas a quien se atreva a defenderlas."

Durante esta tranquila etapa, ella misma escribió o dictó sus propias memorias El memorial de los méritos y servicios del alférez Erauso, que hoy se encuentran en el Archivo de Indias. 


Pero su espíritu inquieto y aventurero no conoció reposo. En 1630, la monja alférez viajó de nuevo a América y se instaló en el Virreinato de Nueva España, probablemente en la ciudad de Orizaba en el estado de Veracruz, donde regentó un negocio de arriera o transporte de mercancías entre México y Veracruz. 

A partir de 1635, poco se sabe de su vida, salvo que murió en Cuitlaxtla, localidad cercana a Puebla, quince años más tarde. Sin embargo, tampoco se conocen las causas de su fallecimiento, pues unos dijeron que fue asesinada, otros que murió sola entre sus asnos en los altos de Orizaba, otros que en un naufragio transportando una carga en un bote, y otros que se la había llevado el diablo.


ESCULTURA EN ORIZABA, MÉXICO

Este personaje femenino fue uno de los más controvertidos del Siglo de Oro español, por enrolarse en la milicia española que conquistaba América del sur haciéndose pasar por un hombre. Cuando su identidad fue delatada, generó más de un debate entre la intelectualidad española del momento, pero consiguió ganarse el respeto y admiración de muchos que la consideraron una heroína española.

Fue un caso de anormalidad evidente, el juicio moral fue tan flexible como nítido: si aquella mujer no podía ser mujer, que viviera como hombre, pero llevando una conducto honesta; si aquel soldado merecía recompensa, que la disfrutara, aunque fuera una mujer; si aquel delincuente había obtenido el perdón real y absolución papal, sus delitos quedaban enjuagados, pero con la condición de no reincidir.

Las memorias de Catalina fueron publicadas bastante tiempo después en París en el año 1894, por una traducción del poeta francés José María de Heredia con ilustraciones del artista español Daniel Urrabieta Vierge.

En 1784, Juan Bautista Muñoz descubrió la biografía de tan peculiar señora; tras caer en manos del científico Joaquín Mária Ferrer fue publicado en París, en 1829, con el título Historia de la monja alférez, doña Catalina de Erauso, escrita por ella mismay traducida a varios idiomas. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
A continuación se tradujeron a varios idiomas y se hicieron versiones del tema. En el mundo anglosajón fue conocida con el nombre de Lieutenant Nun (Monja Teniente). Quizás la versión más famosa fue la idealizada por Thomas De Quincey. El escritor inglés cayó en la fascinación por la vida de Catalina en su novela The Nautico-Military Nun of Spain, escrita en el siglo XVIII. En ella, Catalina es una heroína romántica, una mujer hermosa, un genio de la espada.
Mucho de cuanto se cuenta el este libro es difícil distinguir la realidad de la ficción, de él surgieron adaptaciones, así como obras de teatro, zarzuelas y películas. En sus memorias confesó alguna aventura lésbica, como cuando una ventera la sorprende "andándole a la hija entre las piernas". En 1972, fue publicada de nuevo en inglés con el título The Ensign Nun.

En la actualidad sigue siendo una fuente de inspiración para escritores, dramaturgos, directores de cine y artistas plásticos y de igual forma ha sido fuente de inspiración de múltiples análisis y trabajos académicos intentando explicar su compleja personalidad. Entre las novelas más destacadas están: Mar brava: historias de corsarios, piratas y negreros españoles, de Gerardo González de Vega (Ediciones B, 1999); La monja alférez: la juventud travestida de Catalina de Erauso, de Ricard Ibáñez (Devir, 2004); ambas publicadas en Barcelona.

El cine descubrió al personaje en 1943 cuando Emilio Gómez Muriel dirigió a la actriz mexicana María Félix, la Doña, en el papel de Catalina. La película La Monja Alférez fue producida por la compañía cinematográfica mexicana CLASA Films.

En 1986, Javier Aguirre retomó la historia con Esperanza Roy interpretando a La Monja Alférez.