LA MUJER EN LA HISTORIA MILITAR

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Damas Legionarias
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domingo, 24 de febrero de 2019

LA DAMA LEGIONARIA PARACAIDISTA CARMEN, QUE PROTEGIÓ A UN COMPAÑERO HERIDO 12 HORAS DE COMBATE EN AFGANISTAN

María del Carmen Fructuoso Van Rooy cubrió a su compañero herido en Afganistán.
María del Carmen Fructuoso Van Rooy cubrió a su compañero herido en Afganistán. G. Araluce


Carmen, la 'paraca' que protegió a un compañero herido en un combate de 12 horas en Afganistán

Los insurgentes atacaron las posiciones del convoy español, en la región de Ludina; un militar fue alcanzado en ambas piernas y requirió evacuación.


Fueron 12 horas de combate intermitente, pero intenso. El centenar de militares españoles, una compañía de la Bandera Ortiz de Zárate III de Paracaidistas, afrontaba las embestidas de los insurgentes afganos. El enemigo se movía con rapidez, disparaba con kalashnikov en aquel desierto que ya había visto demasiada muerte. Una ráfaga impactó en uno de los militares. La cabo María del Carmen le protegió y permitió su evacuación. "Sólo se actúa en lo que te han instruido", recuerda con nitidez para EL ESPAÑOL.

Es 29 de agosto de 2012. Afganistán es un agujero de violencia y sangre. Las fuerzas españolas desplegadas sobre el terreno lo tienen claro. No ha pasado ni un mes desde que un Super Puma del Ejército sufriese un accidente en Qala i Naw; el contingente español vivió su particular Black Hawk, derribado, pasando una noche a la intemperie bajo el fuego de los insurgentes. En una proeza técnica y militar, finalmente se rescataron a los militares y a la aeronave accidentada.
Probablemente alguno de los paracas que recorre este 29 de agosto el desierto afgano piense en esa intervención y en los riesgos que conlleva un escenario tan inhóspito. O quizá en los compañeros que ya han caído en una misión imprescindible para frenar la expansión de la violencia en la región.

Helicópter Super Puma español accidentado en Afganistán.
Helicópter Super Puma español accidentado en Afganistán. 
 
Sea como fuere, la compañía compuesta por un centenar de paracas y varios vehículos empieza su misión de reconocimiento a las cuatro de la mañana. Parten desde la base avanzada de Ludina, con la intención de asegurar la zona para retomar unas obras en una carretera que une Qala i Naw con Bala Murghab, suspendidas momentáneamente por el Ramadán. Se trata de la ruta Lithium, construida con fondos españoles.

Empieza el tiroteo

María del Carmen Fructuoso Van Rooy es una de las integrantes de esa compañía. El Ejército de Tierra recordó su historia -y la de otras militares- en la presentación del calendario Mujeres con valor. Sus recuerdos son claros, como si reviviera de nuevo aquel combate tan duro. "Teníamos una patrulla a pie y en cierto momento, por la mañana, comenzamos a recibir fuego enemigo al que tuvimos que responder", detalla Carmen a este diario. 
Son las cinco de la mañana y el fuego es, por ahora, ligero. El convoy va a buena velocidad. Los militares españoles responden y avanzan por la zona. "Era todo desierto, con montañas", afirma la militar. Un terreno en el que los insurgentes se mueven con especial comodidad, a bordo de motocicletas y por caminos invisibles que sólo ellos dominan.

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Así lo demuestran a las 10.30. Algunos miembros de la compañía española han echado el pie a tierra y caminan junto a los vehículos; así lo requiere la misión en ese momento. Son más vulnerables, pero se multiplica su capacidad de reconocimiento. Los insurgentes ven esa brecha de seguridad y vuelven a arremeter contra los militares. "Cuando llevamos vehículo, tenemos ventaja. Pero este no era el caso".

Las balas alcanzan a uno de los militares españoles. Se trata de J.F.F., de 27 años y natural de Albacete. El disparo atraviesa su muslo izquierdo y le roza también la pierna derecha. "Tuvimos que tapar heridas para que no se desangrase", relata Carmen.

El enemigo, mientras, sigue moviéndose con rapidez. Van con motocicletas, disparan con sus kalashnikov. Evitan un enfrentamiento directo con los militares, mejor armados, pero su hostigamiento es constante. La situación se agrava, más aún con un compañero herido. No queda más remedio que pedir refuerzos: "En ese momento solicitamos un helicóptero para hacer el rescate".
Hay que proteger la llegada de la aeronave. Porque los helicópteros se mueven con rapidez y casi sobre cualquier terreno, pero son frágiles ante el fuego enemigo. La OTAN, además, envía un refuerzo aéreo que ataca a los insurgentes. El espacio está limpio, al menos momentáneamente. Llega el helicóptero y evacua al militar herido.

Pero el resto de la compañía tiene que salir con vida de allí. "Nosotros éramos unos cien. El enemigo... no sé". Carmen revive aquel episodio. "Fueron varias horas de combate; ellos, al ir en motocicletas, pudieron coger alturas, posiciones elevadas desde las que nos disparaban".

María del Carmen Fructuoso Van Rooy, en el calendario editado por el Ejército de Tierra.
María del Carmen Fructuoso Van Rooy, en el calendario editado por el Ejército de Tierra. Ejército de Tierra
 
Los combates se prolongan al mismo tiempo que regresan a la base. Son doce horas de intercambios de disparos hasta que el convoy consigue alcanzar Ludina a las 16.00. Una misión difícil, pero crucial para asegurar la región.

Carmen no se siente ni más ni menos que el resto de sus compañeros. Es una más del centenar que integraban aquella compañía, aunque su nombre figure en el calendario Mujeres con Valor del Ejército de Tierra. Una iniciativa que sirve para reconocer a las mujeres integradas en las Fuerzas Armadas y que derriba ciertos mitos falsos, como que ellas no combaten en primera línea de fuego.
Doce horas de combate en la que Carmen, cabo, no tuvo tiempo de pensar. Sólo en actuar según lo instruido. Se reflexiona cuando ha pasado el peligro, en la tranquilidad de la base y comentando el suceso con el resto de compañeros: "Una se desploma... y se queda sin fuerzas". 

*EL ESPAÑOL recoge las historias de mujeres militares del Ejército español que han combatido en primera línea de fuego, como la de Alejandra y Margarita, que lucharon en la batalla de Najaf (Irak); la de la soldado Manar, emboscada por el enemigo en Diwaniyah (Irak); la de la soldado Ángela, que rescató a un compañero herido por los talibán; la de la soldado Idoia, muerta en Afganistán tras salvar decenas de vidas; o la de María José, Almudena y Adelina, que aguantaron un asedio en una comisaría afganaPuede conocer más historias pinchando aquí.

miércoles, 16 de enero de 2019

IDOIA RODRIGUEZ BUJÁN MUERTA EN AFGANISTÁN, TRAS SALVAR DOCENAS DE VIDAS


Idoia Rodríguez Buján murió en Afganistán el 21 de febrero de 2007.




España MUJERES MILITARES EN PRIMERA LÍNEA DE FUEGO 

El último viaje de la soldado Idoia, muerta en Afganistán tras salvar decenas de vidas


El nombre de Idoia Rodríguez Buján (23 años) sostiene uno de los episodios más funestos del Ejército español. Porque la soldado, destinada en el regimiento de infantería Isabel la Católica Nº 29, se convirtió en la primera mujer militar muerta en misión. Porque ella tenía que haber vuelto a Galicia el día fatídico, pero pidió quedarse en Afganistán. Porque una bomba oculta entre la tierra del desierto afgano alcanzó de pleno el vehículo que ella misma conducía. Y, también, porque murió en un país desangrado por una guerra en la que ella misma había salvado decenas de vidas.
Ocurrió el 21 de febrero de 2007. Afganistán se desangraba en una guerra cruel, en la que los talibanes campaban con suma facilidad. El Ejército español también sufría las consecuencias del conflicto. Hasta la fecha, 83 militares españoles habían perdido la vida. Estar de misión en Afganistán requería un ejercicio de valentía. E Idoia Rodríguez lo había demostrado: ese mismo día tenía que regresar a nuestro país, pero pidió quedarse allí hasta la última rotación y sus superiores se lo habían concedido.
Ese dato lo revela el blog No queda mucho para que den las cuatro de la tarde del Ejército de Tierra, escrito por el teniente coronel Norberto Ruiz e ilustrado por el dibujante José Manuel Esteban. Idoia sentía que desempeñaba una función importante en ese escenario: integrada en un equipo médico, salvaba vidas en aquel agujero olvidado.
Idoia Rodríguez estaba integrada en un equipo médico.
Idoia Rodríguez estaba integrada en un equipo médico. Ilustración: José Manuel Esteban para el blog No queda mucho para que den las cuatro de la tarde
Especialmente sensible fue el episodio en el que un conductor suicida se empotró contra su convoy, hiriendo a varios soldados de la Coalición. La intervención de Idoia y de su equipo fue crucial. Los compañeros recuerdan la "ternura" con la que la soldado trató a los heridos.
Pero su trabajo casi siempre atendía a necesidades más discretas -no por ello menos necesarias-: trataba a mujeres, niños y hombres en los pueblos a los que no llegaba la atención médica. Un gesto evidentemente humanitario, pero también un modo de congraciar la figura militar con una población hastiada por un conflicto sin fin. 
También le ataban motivos personales. Su pareja, también militar del Ejército español, estaba con ella en Afganistán.
Por todos esos motivos, Idoia había pedido quedarse en la guerra. 
El BMR de Idoia Rodríguez tenía la cruz roja que indica su propósito sanitario.
El BMR de Idoia Rodríguez tenía la cruz roja que indica su propósito sanitario. Ilustración: José Manuel Esteban para el blog No queda mucho para que den las cuatro de la tarde

La explosión

Vayamos hasta el 21 de febrero de 2007. Idoia Rodríguez conduce un BMR blindado medicalizado: las cruces rojas sobre un fondo blanco lo delatan. Su vehículo es el cuarto de los cinco que componen el convoy español. Todos ellos apoyan a un equipo italiano, dedicado a su vez a la instrucción del Ejército afgano en la región de Shindand.
La soldado se encarga del mantenimiento del vehículo. Incluso le ha puesto un ambientador para tratar de aliviar las fatigas rutinarias que se dan en las misiones en zonas de conflicto. A bordo del BMR también viajan la teniente médico María Dolores Muñoz, el alférez ATS César Muñoz Pantoja y el cabo Jorge Laiño. Recorren un camino paralelo a la carretera 515, cerca del aeropuerto de Shindand.
La mina que acabó con la vida de Idoia Rodríguez estaba oculta en un camino de Shindand.
La mina que acabó con la vida de Idoia Rodríguez estaba oculta en un camino de Shindand. Ilustración: José Manuel Esteban para el blog No queda mucho para que den las cuatro de la tarde
Son casi de las 16.00 cuando se desata la tragedia. El blindado de Idoia pisa un artefacto explosivo enterrado por los insurgentes. El estruendo se escucha en todo el valle de Zirku. Se trata de una mina contracarro con una potente carga en su interior. En el suelo se dibuja un cráter de un metro de ancho. El BMR queda destrozado; una de sus ruedas vuela por los aires y cae a cien metros de distancia.
María Dolores Muñoz sufre diferentes contusiones. César Muñoz Pantoja no presenta grandes heridas. Jorge Laiño tiene una fuerte contusión torácica que requiere de intervención quirúrgica, aunque sobrevivirá. E Idoia Rodríguez permanece en su asiento, tendida y sin vida. Shindard fue el lugar en el que se apagaron los 23 años de su existencia.
La soldado se convirtió en la primera mujer militar de las Fuerzas Armadas muerta en una misión internacional. El Ejército de Tierra recordó recientemente su nombre en la presentación del calendario para 2019, ilustrado con fotografías de mujeres militares con Valor Reconocido. Los padres de la soldado asistieron al acto y recibieron el agradecimiento por la contribución de su hija, atendiendo las necesidades médicas de decenas de personas en Afganistán.
*EL ESPAÑOL recoge las historias de mujeres militares del Ejército español que han combatido en primera línea de fuego, como la de Alejandra y Margarita, que lucharon en la batalla de Najaf (Irak); la de la soldado Manar, emboscada por el enemigo en Diwaniyah (Irak); o la de la soldado Ángela, que rescató a un compañero herido por los talibán. Puede conocer más historias pinchando aquí.
Una de las ruedas del BMR alcanzado terminó a 100 metros del lugar de la explosión.
  Una de las ruedas del BMR alcanzado terminó a 100 metros del lugar de la explosión. 

martes, 15 de enero de 2019

MILITARES ESPAÑOLAS EN PRIMERA LINEA

Almudena Porras, María José Quintas y Adelina Torres, protagonistas del tiroteo en el Golestán.
Almudena Porras, María José Quintas y Adelina Torres, protagonistas del tiroteo en el Golestán. G. Araluce



España MUJERES MILITARES EN PRIMERA LÍNEA DE FUEGO

La fiera resistencia de María José, Almudena y Adelina, asediadas en una comisaría afgana


Llovía y era de noche. El escenario era propicio para la fatalidad en aquel valle afgano, que hereda el nombre de la provincia en la que se ubica, Golestan. Almudena Porras, Adelina Torres y María José Quintás, junto a una quincena de compañeros del Ejército español, se recogían en la noche intempestiva en sus vehículos BMR, atentas a cualquier movimiento sospechoso. Esa fatalidad amenazante, a las 20.00 horas, cogió forma y se abalanzó sobre ellas. Los insurgentes les cercaron y atacaron con todo lo que tenían a su mano: fusilería, morteros, lanzacohetes... Y no había ninguna escapatoria. Resistir o morir.

Almudena y Adelina tienen el empleo de cabo. María José, de cabo primero. Las tres forman parte del regimiento de Infantería Ligera Tenerife nº49. Y las tres están unidas por aquel episodio en el que se enfrentaron a un enemigo invisible, resguardado en la oscuridad afgana. Ocurrió el 27 de noviembre de 2007, pero sus recuerdos son vívidos y ahora charlan por primera vez con EL ESPAÑOL sobre su experiencia en primera línea de fuego. Lo hacen con motivo de la presentación del calendario Mujeres con valor, editado por el Ejército de Tierra.

Volvamos al valle del Golestán. Región desértica, resiste las inclemencias del tiempo más duras. Calor extremo en verano y durante el día. El frío acecha en las noches de invierno. En la noche en la que se produjo el combate, además, llovía. "Fue la única noche en la que llovió", recuerdan las protagonistas.

Tres vehículos BMR del Ejército español brindaban protección a las autoridades afganas en el valle. A bordo de ellos, una veintena de efectivos. "Comíamos, dormíamos, vivíamos dentro de ellos", recuerdan Almudena, Adelina y María José. Aquella misión duraba unas dos semanas, lejos de cualquier base, hasta que otros compañeros les tomasen el relevo.

Afganistán se desangraba en una guerra que se cebaba con la población civil. El Ejército español, bajo el paraguas de la OTAN, luchaba por recuperar la paz en la zona. Y lo pagaba con su propia sangre. Hasta la fecha, 87 militares españoles habían muerto en aquel conflicto. Incluida Idoia Rodríguez, la primera mujer de las Fuerzas Armadas que perdía la vida en misión.

Estalla el combate

Almudena, Adelina y María José, así como la quincena de compañeros que controlaban el valle del Golestán, sabían que aquella guerra se cernía sobre ellos. Aquella noche lo hizo con toda su contundencia. Fue a las 20.00 horas.
Los insurgentes cargaban contra una comisaría de la Policía afgana. "Se nos dio la orden de protegerles y respondimos al ataque". ¿Por qué era tan importante defender aquel edificio en mitad de la nada? Porque el descontrol avanza con rapidez en esos lugares olvidados. "Garantizar la presencia de la policía es garantizar la seguridad en el país", responden las protagonistas, del tirón.
Almudena Porras, María José Quintas y Adelina Torres, en la imagen del calendario del Ejército de Tierra.
Almudena Porras, María José Quintas y Adelina Torres, en la imagen del calendario del Ejército de Tierra. 
 
No lo dudaron. Los militares españoles se colocaron junto a la comisaría en aquella noche de lluvia, protegiendo su perímetro. Dentro se suponía que estaban los policías afganos. Lo que es seguro es que fuera, en esa noche tormentosa, llovían disparos, morteros, RPGs.

"No podíamos ver al enemigo, sólo veíamos el origen del fuego. Aquello era distinto a un ataque puntual en un espacio abierto, en el que se puede repeler el ataque y replegarse. No podíamos marcharnos. Había que quedarse ahí". Almudena, Adelina y María José lo tenían claro. Porque cualquier bastión de seguridad había que defenderlo a toda costa. Aquella comisaría era el único resquicio de seguridad en la zona. Sin ella, el caos arrasaría a una población indefensa y hastiada por la guerra.

Un enemigo invisible

Fueron dos horas de combate, respondiendo al fuego. Un área desértica y vasta, en la que apenas se erigían unos pocos elementos que sirviesen de protección; entre ellos, los vehículos BMR y las propias fachadas de la construcción policial. Los militares españoles disparaban contra el lugar del que procedían los disparos. No veían a quienes disparaban contra ellos. El enemigo era invisible.
Los recuerdos de las tres protagonistas se condensan en apenas unos instantes: "No da tiempo a pensar en nada, sólo a defender la comisaría. Es más, aquellas dos horas nos parecieron dos minutos. Nos dimos cuenta al terminar, cuando vimos el reloj".

Terminó el fuego y Almudena, Adelina y María José comprobaron que no habían sufrido ninguna baja entre sus propias filas. Pero no era momento de celebraciones. Aún les quedaban varios días de misión en la zona. Volvieron a los BMR y a la lluvia, y trataron de dormir unas pocas horas. Con la satisfacción, eso sí, de haber protegido aquel bastión en un valle, el del Golestán, desconocido para tantos, pero crucial para sostener la seguridad en la región.

*EL ESPAÑOL recoge las historias de mujeres militares del Ejército español que han combatido en primera línea de fuego, como la de Alejandra y Margarita, que lucharon en la batalla de Najaf (Irak); la de la soldado Manar, emboscada por el enemigo en Diwaniyah (Irak); la de la soldado Ángela, que rescató a un compañero herido por los talibán; o la de la soldado Idoia, muerta en Afganistán tras salvar decenas de vidas. Puede conocer más historias pinchando aquí.