LA MUJER EN LA HISTORIA MILITAR

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Damas Legionarias
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miércoles, 27 de febrero de 2019

EL ANTIGUO EGIPTO DE NEFERTITI

El Antiguo Egipto de Nefertiti

La tumba donde descansa el cuerpo de Nefertiti sigue siendo un misterio en pleno siglo XXI, a pesar de que muchos egiptólogos siguen pensando que fue enterrada en el Valle de los Reyes. Esta mujer misteriosa, inteligente y hermosa a partes iguales, fue capaz de atesorar un poder solo comparable al que ejercían los faraones.

El Cairo es la capital de Egipto y su ciudad más importante. Su fundación se remonta al año 116 a.C., pero no se convierte en capital del país hasta 1952. Su nombre se debe al califato fatimí, que controló el norte de África desde el 909 al 1171 y que llamó a la ciudad  Al-Qahira.

Nefertiti

Los egipcios adoraban a varios dioses, pero el principal, el que prevalecía por encima de los demás, era el gran Amón-Ra. Su importancia traspasó fronteras, llegando a Roma como Júpiter o a Grecia como Zeus.

Los sacerdotes adquirieron cada vez más poder y llegó un momento en que estaban prácticamente a la misma altura que el faraón. Las riquezas y el poder se vieron acompañados por la corrupción, que acabó impregnando la casta sacerdotal de un modo casi absoluto.

Amenophis III


Amenophis III fue uno de los hombres más poderosos de Egipto, IX faraón de la dinastía XVIII, comenzó su reinado con tan solo doce años y lo convirtió en una de las épocas más prosperas del antiguo Egipto. Une su vida a la reina Tiy, con la que tiene tres hijos, entre ellos Akenatón. Este faraón reina durante 37 años.

Nefertiti y Akenatón


Nefertiti pertenece a una familia de clase alta, por lo que se relaciona con los nobles de la época, incluso con la familia real. Es una mujer de gran belleza y en esa época se pensaba que ese era un favor que otorgaban los dioses a las personas elegidas, por lo que la belleza se convertía cuasi en un signo de divinidad.

Nefertiti y Akenatón con dos de sus hijas en brazos
Nefertiti y Akenatón con dos de sus hijas en brazos

La reina Tiy detentó mucho poder en Egipto, se piensa que tanto como el rey. Se barajan varias hipótesis en cuanto a su relación con Nefertiti, una de ellas es que fuese hermana de su padre, es decir, tía suya; otra es que Nefertiti hubiese crecido en palacio, al perder a su madre siendo una niña de corta edad, en relación estrecha con los hijos de los reyes. Entre ellos se encontraría Akenatón, con quien es prometida a edad muy temprana. Akenatón no es el príncipe heredero, pero la muerte de su hermano le empuja a un nuevo destino, el de regir los caminos de Egipto.

Akenatón y Nefertiti unen sus vidas siendo apenas adolescentes y poco tiempo después Akenatón se convierte en faraón, cambiando el rumbo de Egipto. Estos dos jóvenes, con todo el poder en las manos, decidieron que las tradiciones debían dejar paso a otra visión del mundo y de la religión, lo que les granjeó numerosos enemigos, entre ellos la casta sacerdotal casi al completo, a la que arrebataron gran parte de su riqueza y privilegios.

En busca de otro dios


Los jóvenes reyes le dan la vuelta a todo, dejan de lado a los dioses que hasta ese momento habían reinado en Egipto y con un atrevimiento sin límites, deciden que tan solo existe un dios: Atón, el dios Sol. A continuación, se marchan de Karnak y crean una nueva capital, Ajetatón, en la actual Amarna. Allí forman su hogar y tienen 6 hijas, todas niñas, lo que deja el trono sin un heredero.

Tutankamon, el hijo de Akenatón


El hijo varón no llega para Nefertiti y su marido acaba teniendo relaciones con su hermana, algo usual en aquellos años, que sí le da un heredero: Tutankamon. El pequeño pierde a su madre muy pronto y Nefertiti lo acoge y crece junto a sus cinco hijas. Anjesenpaatón, la tercera de ellas, es prometida con Tutankamon. De algún modo, la historia de Nefertiti se volvía a repetir de nuevo con el hijo de Akenatón.

La extraña desaparición de Nefertiti


La última aparición de la reina Nefertiti es en el año 14 del reinado de Akenatón, a partir de ahí su pista se pierde totalmente. No se sabe si fallece de manera repentina o alguna otra causa hace que se pierda su rastro. Tampoco se conoce su edad exacta, aunque se cree que podría rondar los 35 años.

Busto de Nefertiti en el Neues Museum, Berlín.
              Busto de Nefertiti en el Neues Museum (Berlín)

Sin embargo, cuando parece que esta extraordinaria mujer ha finalizado su andadura por la historia, se localiza una estela en Amarna con inscripciones que indican, o al menos es lo que opinan distintos investigadores, que Nefertiti no falleció en la fecha indicada, sino que asumió todavía más poder, convirtiéndose en corregente de Akenatón y compartiendo su reinado como un igual, bajo el nombre de Neferneferuatón.

Este reinado conjunto duraría 5 años, hasta la muerte de Akenatón, que trajo tras de sí una gran revuelta, estallando todo el descontento que el faraón había provocado con sus radicales cambios. La ciudad es abandonada y las tradiciones vuelven a ocupar su lugar. No se sabe cuál fue el destino de Nefertiti, pero sin lugar a dudas, esta hermosa mujer tuvo en sus manos un enorme poder y supo reinventarse a sí misma una y otra vez.

Beatriz Moragues - Derechos Reservados
 
 

LA MUJER JUDÍA EN LA ESPAÑA MEDIEVAL

LA MUJER JUDÍA EN LA ESPAÑA MEDIEVAL


 CANTERA MONTENEGRO, Enrique: “La mujer judía en la España medieval”, en: Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, H.ª Medieval, nº 2 (1989), pp. 37-63.

Las mujeres judías se encontraron en una posición de inferioridad jurídica respecto del hombre en el seno de la familia y la sociedad durante toda la Edad Media.
Debido a que el matrimonio es considerado por la cultura judía como el estado social perfecto, las mujeres eran educadas para el matrimonio y la maternidad. La perpetuación del linaje y del grupo eran elementos indispensables para la sociedad medieval judía, por lo que, el mayor honor de las mujeres era dar descendencia a su marido. Si un hombre moría sin descendencia, la viuda debía casarse con su cuñado para perpetuar el linaje de su difunto marido. La esterilidad de un matrimonio podía suponer su ruptura.
Por otro lado, los matrimonios solían ser de conveniencia y suponían la unión de los intereses de dos familias. Se sustentaban en el “ketubah”, un contrato nupcial entregado por el novio a la novia, en el que se establecían las condiciones del matrimonio.
El adulterio era condenado por la ley judía, pero no el concubinato, entendido como relación entre un hombre y una mujer con la que se cohabita, pero a la que no se le ha otorgado la “ketubah”. Por otro lado, la simple cohabitación no estaba regulada por la ley, teniendo la mujer la libertad de abandonar al hombre en cualquier momento.
La mujer judía casada no era propietaria de bienes, ya que estos pertenecían al marido. Sin embargo, en la legislación castellana encontramos elementos ventajosos para la mujer, como el derecho a herencia, y el derecho a dote, y la protección de los bienes de las viudas.
La legislación también protegía a las mujeres en cuanto al derecho penal. Los delitos sexuales se penaban con dureza, llegando a imponerse la muerte del hombre, en caso de una mujer casada. La violación también era penada con dureza, azotando al hombre.
En cuanto a la vida religiosa hay diferencias importantes entre mujeres y hombres, dándose una notoria exención de las mujeres en el cumplimiento de obligaciones religiosas.
“Esta exención de la mujer judía para el cumplimiento de mandatos religiosos de carácter positivo es interpretada de manera distinta por los diversos autores: mientras unos la consideran un signo manifiesto de la inferioridad de la mujer con respecto al hombre, otros son de la opinión de que dicha exención no obedece en modo alguno a razones de índole antifeminista, sino al principio talmúdico de que quien está comprometido en un acto religioso está exento de otro simultáneo, siendo así que los quehaceres y labores domésticas son considerados como un acto propiamente religioso.” (Pag 49)
He querido recoger esta cita porque da dos visiones diferentes de esta posición de la mujer dentro de la vida religiosa que se según el autor se contraponen. Desde mi punto de vista son complementarias, ya que en una sociedad en la que la posición de las mujeres es inferior esto también tiene que quedar reflejado en la vida religiosa, lo que no quita que las mujeres tengan que cumplir con ciertas obligaciones religiosas, que según la segunda teoría son las labores domésticas.
Esta cita también pone de manifiesto cuales eran las obligaciones de la mujer judía, que abarcaban, por lo general, el ámbito doméstico.
Sin embargo, el autor hace referencia a la vida de las judías fuera del núcleo familiar y al margen de la comunidad hebrea.
En cuanto a esto, fuera de la judería, la vida de las mujeres hebreas se veía limitada de igual modo que la de los varones judíos. Destacan las limitaciones en la vestimenta y las medidas que tenían como fin evitar el contacto sexual entre judíos y cristianos.
En cuanto a las actividades de carácter socio-profesional desempeñadas por las mujeres judías destacan; la gestión de bienes económicos y las actividades del sector primario, apareciendo numerosas viudas como propietarias en la documentación; el servicio doméstico, en el que participaban niñas de familias con pocos recursos al servicio de familias acomodadas a cambio de su manutención, aunque más adelante, al cumplir la mayoría de edad, podían percibir un salario; el servicio como nodrizas; actividades artesanales, destacándose el sector textil, que aparece casi de forma exclusiva; actividades mercantiles, apareciendo en la documentación mujeres propietarias de tiendas; la medicina, apareciendo especialmente como matrona o “partera”; prestamistas, especialmente viudas de buena posición económica; plañideras; prostitutas y barraganas, que no parecen conductas especialmente censurables; y  hechiceras y curanderas.
                Desde mi punto de vista el texto es algo pobre en cuanto a ejemplos y en cuanto a datos bibliográficos, por lo que no queda del todo claro si lo que abarca en el texto afecta únicamente a la “España medieval” o puede ampliarse para abarcar hechos generales.
             Por otro lado, aunque el tema del texto podría ser interesante, se hace monótono, seguramente debido a que no solo, no ejemplifica, sino que no se apoya en comparaciones con respecto a las mujeres cristianas o musulmanas. Da la impresión de que esté a medio acabar.


             Os dejo por aquí el enlace del texto para que podáis leerlo: http://revistas.uned.es/index.php/ETFIII/article/view/3504/3361

jueves, 21 de febrero de 2019

EL DESCUBRIMIENTO DE QUE EL CADÁVER DE UN GUERRERO VIKINGO DEL SIGLO X, REALMENTE ERA UNA MUJER

La polémica tras descubrirse que un gran guerrero vikingo del siglo X era realmente una mujer

Desde que fuera descubierto en un yacimiento de Birka (Suecia) en 1878, los arqueólogos habían dado por hecho que los restos pertenecían a un hombre con un alto rango militar


MadridActualizado:
El estudio realizado por Charlotte Hedenstierna-Jonson demuestra que es una guerrera vikinga y no un hombre
Semejante tesoro llevó a los investigadores de la época a dar por hecho que se trataba de un importante guerrero y líder militar. Hombre, por supuesto. Sin embargo, el 8 de septiembre de 2017, la revista «
American Journal of Physical Anthropology» publicó un sorprendente estudio de ADN que demostraba que el importante guerrero de Birka era, en realidad, una mujer. No había lugar a dudas, puesto que se había identificado el cromosoma X, pero no el Y.La tumba que ha desatado la polémica sexista fue descubierta en 1878 durante una excavación en Birka, uno de los asentamientos vikingos mejor conservados de Suecia. Se trata de una ciudad fundada en el siglo VII, entre cuyos restos destaca un cementerio con cerca de 3.000 tumbas, trozos de las antiguas murallas y restos de los embarcaderos usados por las comunidades allí asentadas. El hallazgo fue, sin duda, importante desde el punto de vista arqueológico: un enterramiento datado en el siglo X, conocido como Bj 581, que contenía un gran ajuar consistente en dos escudos, una espada, un hacha, restos de una armadura, dos caballos y un tablero utilizado para preparar estrategias bélicas, además del esqueleto correspondiente.
Para no correr riesgos, también realizaron un análisis isotópico del que pudieron concluir que la guerrera había tenido una existencia itinerante, rasgo típico de la vida desarrollada por los combatientes vikingos. Este importante descubrimiento reforzaba la teoría de que las mujeres vikingas no solo participaban en las batallas como cualquier soldado masculino, sino que también desempeñaban cargos de responsabilidad dentro de la jerarquía militar. Un hecho, sin duda, insólito.

Un guerrero, sin ninguna duda

«Los huesos hallados en la tumba Bj 581 no pertenecían a una clásica valkiria como las que aparecen en las sagas, sino a una líder militar real que ha resultado ser una mujer», explicaba la directora de la investigación, Charlotte Hedenstierna-Jonson, cuyas revelaciones generaron inmediatamente una gran polémica. Los resultados de la excavación fueron, incluso, puestos en duda. «Me sorprendieron las reacciones que tuvimos con el artículo», aseguró la responsable a la revista « History». ¿Una guerrera en vez de un guerrero? No podía ser, a pesar de que numerosas leyendas y sagas vikingas antiguas hablaban de mujeres al frente de las batallas.
Charlotte Hedenstierna-Jonson
Charlotte Hedenstierna-JonsonUniversidad de Uppsala
Los arqueólogos emprendieron también la tarea de demostrar que el esqueleto que habían analizado era el esqueleto correcto y no otro por confusión, tal y como defendían los detractores. Comprobaron que cada hueso estaba etiquetado como «Bj 581», siguiendo la misma práctica arqueológica que se había usado en el resto de excavaciones del cementerio de Birka. Vieron, además, que estas mismas marcas estaban presentes en los artefactos y en los huesos de los caballos, lo que vincula todos los restos a la misma tumba. Y, por último, confirmaron que los huesos humanos coincidían todos con el registro de la excavación, descartando cualquier coincidencia con otro entierro de la zona.
Todo esto demuestra que en el mismo entierro no había registro alguno de huesos humanos que no pertenecieran al esqueleto analizado, pero los críticos se agarraron entonces a la hipótesis de que las armas podrían pertenecer al esposo de la mujer. Un dato que descartaría el hecho de que la mujer fuera realmente una guerrera. Y después alegaron que las armas y demás tesoros podrían ser las reliquias familiares o regalos de terceras personas que no pertenecían en su origen a la mujer de Birka y que no eran, por lo tanto, herramientas «de trabajo» de nuestra protagonista. No hay que olvidar que, entre las 1.100 tumbas excavadas a finales del siglo XIX en el yacimiento, solo había otra con un ajuar funerario parecido, que era típico de los entierros de las élites militares. Hedenstierna-Jonson y su equipo se preguntan ahora si entre todos esos enterramientos podría identificarse a alguna mujer más que, a lo largo de este tiempo, habría sido tomada por un hombre y no lo fuera.
Representación de la tumba de Birka
Representación de la tumba de Birka - JOHN WILEY & SONS
Desde que fueron descubierto los restos de Birka, sin embargo, todos las arqueólogos e investigadores que se acercaron a este hallazgo coincidieron en que se trataba de la tumba de un guerrero de alto rango. Ni se les pasó por la cabeza que pudiera ser una mujer, al estar enterrado con nada menos que dos caballos y una cantidad importante de armas y vestimentas. El artículo de «American Journal of Physical Anthropology», sin embargo, defendía que la genómica y los análisis isotópicos podían ser empleados como herramientas válidas para reconstruir nuestras creencias sobre los modelos de organización, movilidad y roles de género que se habían establecido para las civilizaciones pasadas.
«Es una mujer que vivió como guerrera profesional y fue enterrada en un ambiente marcial como una persona de alto rango», confirmó después Hedenstierna-Jonson en otro artículo publicado en la revista « Antiquity» La investigadora explicaba que el hallazgo planteó una serie de dudas sobre el papel de las mujeres en la cultura vikinga. Sobre cómo este pueblo pudo entender la identidad de género, ya que, a diferencia de otras vikingas enterradas con armas, la guerrera de Birka no llevaba ropa o joyas típicas de mujeres. Como declaró después a la revista «History» la directora de la investigación, también profesora de arqueología de la Universidad de Uppsala en Suecia: «Su traje no es el típico masculino, porque es un estatus muy alto, pero no hay tampoco nada que indique que es una mujer. No hay hallazgos típicos que podamos relacionarlos con las mujeres».

La idea de que las mujeres vikingas eran también guerreras no es nueva. En imágenes fantásticas del siglo XIX es fácil verlas representadas como valquirias o mujeres fuertes. Existe un texto irlandés de la época que describe a una flota femenina en Münster. También una crónica bizantina que relata que había mujeres armadas entre los muertos después de una derrota vikinga. Y hay un registro sobre el sitio de París en el siglo IX en el que un monje francés asegura haber visto a mujeres danesas en el campo de batalla. Después de laSegunda Guerra Mundial esa visión cambió un poco, con libros que tendían a retratarlas como amas de casa que trabajaban en la granja familiar.

miércoles, 30 de enero de 2019

MUJER ÍBERA

Actualmente la lengua íbera es todavía un misterio. Nuestro conocimiento no es nulo pero sí bastante escaso. Por ello, para acercarnos al mundo íbero tenemos que hacer uso de los antiguos textos de los historiadores griegos y latinos. Otra fuente fundamental es el análisis de los restos arqueológicos (tanto los objetos que han sido descubiertos como los restos humanos). De todos estos estudios, se ha deducido que la mujer íbera desempeñaba un papel fundamental en la sociedad tanto en el ámbito familiar, como madre y esposa, como en la vida pública. Gracias a las representaciones cerámicas, sabemos que algunas mujeres participaron en festividades importantes y en rituales religiosos.


El papel de la mujer en la sociedad ibérica todavía es un tema de debate. En los sistemas parentesco patrilineales, tan característicos de los antiguos pueblos del Mediterráneo, la mujer desempeñaba, desde un punto de vista tradicional, un rol secundario y dependiente del varón. En lo concerniente al mundo ibérico hay cada vez más datos para valorar su papel en los distintos ámbitos públicos y privados, más allá de la esfera doméstica. Por lo general, la mujer era el elemento imprescindible en la reproducción de la estructura familiar, transmitiéndose con ella el linaje y el vínculo sanguíneo de generación en generación. Mientras que corresponde al hombre la transmisión de derecho o vínculo hereditario, al menos en las sociedades patriarcales que parecen ser las predominantes en el espacio ibérico.
Fotografía de Miguel Florian
Para un correcto enfoque conviene apuntar que la función de la mujer íbera en la sociedad no era tanto una cuestión de género sino de estatus. Si la mujer pertenecía a la aristocracia o poseía la suficiente riqueza, su poder e influencia en los terrenos socio-político, económico y religioso igualaba al del hombre.

Pese a ser dependientes del padre y del marido tras el matrimonio, estas mujeres eran quienes otorgaban el prestigio y el poder a las familias. Según el historiador romano Salustio, ellas también tenían el derecho a elegir a sus propios esposos. Si la mujer pertenecía a la aristocracia, no dudaba en escoger al mejor guerrero. Además, eran las íberas quienes recibían las herencias y planeaban los matrimonios de sus hijos.


¿Cuál era el papel de la mujer en Iberia?
La función principal de la mujer era el de protectora del hogar, un rol muy estimado por la sociedad y considerado de gran importancia debido a la alta mortalidad infantil y las continuas guerras. El hombre, en cambio, encarnaba el poder político y militar. Como hemos dicho anteriormente, las mujeres influyentes y adineradas también participaron en la política en los conocidos "consejos de mujeres".
La mayoría de mujeres, aparte de cuidar con esmero sus hogares, trabajaban en el campo junto a los hombres. De hecho, el historiador griego Estrabón dijo de ellas: "Las mujeres trabajan en la tierra, paren en el mismo campo y después siguen trabajando". En situación de guerra, las mujeres debían tomar a su cargo toda la casa, los campos y los ganados (independientemente de su condición social).
En los escritos de Salustio, se hace mención a mujeres que también formaron parte del mundo del comercio y la producción de tejidos. De hecho, las actividades domésticas como la costura constituían una tarea exclusivamente femenina. Así lo demuestra la aparición de agujas, placas de hueso y demás instrumentos para hilar en las tumbas femeninas. De hecho, existió más de una gran empresaria en la península ibérica.

La religión desde un punto de vista femenino: diosas y sacerdotisas
Dama de Baza
La mujer íbera estaba relacionada con el mundo irracional, místico e incluso mágico. Muchas de ellas, fueron importantes sacerdotisas. Las íberas eran consideradas las mediadoras entre el hombre y los antiguos dioses. Se cree que el sacerdocio estaba compuesto principalmente por mujeres. En las ceremonias religiosas, la relación entre hombre y mujer era igualitaria. Incluso, si el rito religioso estaba destinado a una diosa, la mujer se encontraba en una relación de superioridad frente al varón. Se cree que en el panteón de los dioses íberos, había una gran variedad de divinidades femeninas.
Los lugares donde se llevaban a cabo los ritos religiosos eran muy variados. Las ceremonias se realizaban en espacios naturales como cuevas o simas y en templos. En todos estos santuarios existían exvotos con forma de mujer. A veces eran representadas con pechos y otras veces como mujeres encintas. En el Cerro de Santos (Albacete) se encontraron grandes esculturas de sacerdotisas. La gran mayoría de estos espacios sagrados se han asociado con diosas de la naturaleza y de la fertilidad (algunas de ellas influenciadas por la cultura griega y fenicia).
La mujer también formaba parte del lenguaje iconográfico en torno a la muerte. Se cree que su papel en los rituales de tránsito hacia el más allá era esencial. Ejemplos son las imágenes que encontramos ciertos pilares-estela o los restos del santuario ibérico de Coímbra del Barranco Ancho (Jumilla, Murcia).
Otro dato importante es que la prostitución sagrada estaba consentida. Esta práctica provenía de Oriente y las mujeres que la efectuaban tenían un gran prestigio en la sociedad.


Mujeres guerreras
A través de la arqueología, se ha llegado a la conclusión de que la civilización ibérica, por lo general, estaba muy jerarquizada y era conocida por su carácter belicoso. A pesar de que los ejércitos estaban formados principalmente por hombres, algunas mujeres también participaron en la guerra. Los historiadores clásicos consideraron "heroica" la participación de la mujer en las guerras contra los púnicos y contra los romanos.

Exvotos íberos con figuras femeninas
Matriarcados en la península ibérica
Los antiguos pueblos de nuestra península eran muy diversos. Los íberos, nombrados anteriormente, se encontraban en el sur y en el levante de la península y a pesar de no tener un origen Indo-Europeo, se vieron muy influenciados por estos pueblos (romanos, griegos…) y por otras civilizaciones del Mediterráneo como los cartagineses y los fenicios. Es por ello, que la sociedad íbera tiene aspectos en común con todos estos visitantes y colonizadores. Una de las características principales de estas sociedades es que eran patriarcales.
Al igual que ellos, los pueblos celtas del norte y del centro peninsular (cántabros, astures, galaicos, celtíberos…) también fueron regidos principalmente por los hombres.

Sin embargo, en el norte de Iberia, existía un pueblo de origen pre-Indo-Europeo de carácter matriarcal: el pueblo vascón.

El matriarcado consistía en una sociedad en la que la influencia predominante en el carácter colectivo del pueblo es la femenina. En las sociedades matriarcales, las madres y las ancianas encabezaban la familia y tomaban las decisiones más importantes. Sin embargo, estas antiguas sociedades no estaban dirigidas única y exclusivamente por mujeres, si no que reinaba la igualdad. La idea de la existencia de sociedades matriarcales en el norte durante la época prerromana se fundamenta, en parte, a las dudosas fuentes historiográficas de Estrabón.