LA MUJER EN LA HISTORIA MILITAR

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Damas Legionarias
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martes, 12 de febrero de 2019

LAS MUJERES COMBATIENTES EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL


Mujeres que patearon traseros en la Primera Guerra Mundial

Durante la guerra, muchas mujeres fueron activistas, enfermeras, secretarias y telefonistas, pero también fueron espías y combatientes; a Mata Hari, espía de dos ejércitos, se le le achacó la muerte de 50 mil soldados franceses.


Por Miguel Civeira
¡Saludos! Como sabrán, estamos a poco de que se cumplan 102 años desde que inició el conflicto global que dio a luz al siglo XX. Como nerd de la historia que soy, he estado escribiendo cosas al respecto desde 2014 y pienso hacerlo hasta 2018, para conmemorar como se debe este centenario. Hoy quiero invitarles a conocer las historias de algunas mujeres que patearon traseros en la Primera Guerra Mundial:
A manera de introducción, les cuento lo que tiene que ver la guerra con los movimientos feministas. Ya desde el siglo XIX existían algunos con cierto peso político. No sólo las famosas sufragistas, sino mujeres afiliadas al socialismo o el anarquismo hicieron sentir su presencia en la vida pública de los países más desarrollados de Occidente. Pero la Primera Guerra Mundial fue el catalizador que permitió que se acelerara el proceso de transformación de la sociedad hacia una cada vez más equitativa para los géneros.  
 El reclutamiento masivo de varones en todos los países beligerantes conllevaba el peligro de dejar la industria sin obreros. Por lo regular los trabajadores de sectores económicos estratégicos estaban exentos de ser reclutados. Pero al mismo tiempo que era necesario tener más hombres en el frente se hacía necesario aumentar la producción de armas y toda clase de productos industriales porque una guerra no se gana sólo con gente disparando sino que se necesita de una sólida economía industrial que produzca todo, desde balas hasta comida enlatada y agujetas para las botas.
La forma de cubrir las necesidades de mano de obra fue reclutar mujeres, en un principio solteras con experiencia laboral en otros campos, pero más tarde las mismas madres, hermanas y esposas de los hombres que estaban en el frente. Durante cuatro años de guerra, muchas mujeres probaron lo que era ganar y administrar su propio dinero, sin necesidad de rendir cuentas a ningún hombre. Es decir, saborearon la independencia económica, un primer paso hacia la emancipación.
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Y no sólo conocieron la autonomía individual, sino que también descubrieron su poder colectivo como una fuerza política de peso real. En un principio las mujeres inglesas se manifestaron a favor de la guerra, animando a los hombres a luchar contra el enemigo, y expresaban solidaridad con las mujeres de la Bélgica ocupada por Alemania, que sufrían brutales violaciones por parte de los ejércitos del Káiser. Incluso algunas mujeres andaban por la calle y repartían plumas blancas (símbolo de cobardía) a los hombres vestidos de civil, por no haber tenido las pelotas de enlistarse en el ejército para defender la patria.
Pero conforme la guerra fue avanzando y se reveló como la locura cataclísmica que era, las mujeres constituyeron una de las fuerzas más importantes en pos de la paz. Como la mayoría de los hombres en edad de combatir estaban en el frente, en muchas ocasiones las protagonistas de las grandes manifestaciones en contra de la guerra fueron las mujeres. De hecho, recuerden que la Revolución Rusa inició cuando un grupo de damas, que conmemoraban el Día de la Mujer, encabezó una protesta contra la carestía ocasionada por la guerra.
Terminado el conflicto, mujeres de toda Europa se hallaban empoderadas como nunca antes, y no es casualidad que en los años que siguieron ellas obtuvieran el derecho al voto en la mayoría de los países desarrollados. Oh, es cierto que entonces los gobiernos las obligaron a abandonar sus empleos y volver a sus hogares con el objeto de que hubiesen plazas laborales para los soldados que volvían a reintegrarse a la vida civil, pero no fueron pocas las que se resistieron (duramente criticadas por la prensa: "malas mujeres que no quieren devolver sus empleos a nuestros héroes de guerra") y de cualquier forma la experiencia de la libertad no puede borrarse por decreto. Finalmente con la Segunda Guerra Mundial el reclutamiento de las mujeres como fuerza laboral se dio a una escala incluso mayor, y después los países que aún faltaban poco a poco reconocieron el derecho de las mujeres a participar en la vida política.
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La segunda ola de feminismo se dio a mediados de siglo y hoy estamos viviendo una tercera, pero todos estos logros muy probablemente se habrían retardado de no ser por el triunfo de la primera ola de feminismo gracias a la Primera Guerra Mundial.
Las mujeres no sólo fueron afectadas por la guerra; algunas de ellas tuvieron papeles protagónicos en el desarrollo del conflicto. Fueron activistas, enfermeras, secretarias y telefonistas, pero también fueron espías y combatientes. Aquella generación cambió para siempre el rol que tendrían las mujeres en el mundo moderno. Sin más preámbulos, aquí están las mujeres que patearon traseros:
Empecemos por alguien que dedicó toda su vida a la paz y que murió justamente el año en que empezó la guerra. Nació como la Condesa Bertha Kinsky, de una familia aristocrática austro-checa venida a menos. Tuvo que aceptar un puesto como institutriz en casa de la rica familia von Suttner y tuvo un romance secreto y prohibido con uno de los hijos, Arthur, siete años menor que ella. Cuando la relación se descubrió, ella se vio obligada a dejar Viena rumbo a París, donde se convirtió en la secretaria del mismísimo Alfred Nobel.
Bertha von SuttnerDespués de un tiempo volvió a Viena a buscar a Arthur; la joven pareja se casó en secreto y se fugó para vivir su romance en Georgia, entonces parte del Imperio Ruso. No fue precisamente un idilio, pues además de las dificultades económicas y el ostracismo social allí les tocó vivir los horrores de la Guerra Ruso-Turca (1877-1878), que marcó para siempre la ideología pacifista de Bertha. Cuando en 1885 los enamorados se reconciliaron con la familia von Suttner, pudieron regresar a Austria.
Poco después, en 1889, Bertha publicó su obra más influyente Die Waffen nieder!, que significa algo así como ¡Deponed vuestras armas!, y que la colocó en el centro del movimiento pacifista europeo. Ella creía que la paz universal sería el resultado inevitable del progreso social y tecnológico, pero que había que hacer avanzar ese proceso activamente. Con este objetivo en miras fundó publicaciones pacifistas y una organización de la que fue presidenta; abogó por la creación de una Corte de Justicia Internacional y participó en la organización de la Primera Convención de La Haya.
En su afán de abolir la guerra, Bertha fue quien convenció a su antiguo patrón y amigo Alfred Nobel de crear el premio de la Paz, que ella misma recibiría en 1905. El galardón podrá llevar el nombre del rico industrial sueco, pero es gracias a Bertha von Suttner que existe. Quizá debería haberse llamado Premio von Suttner de la Paz.
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Su caso fue muy peculiar, porque su fama se debe menos a sus acciones reales que a las circunstancias de su muerte y cómo fueron aprovechadas por la propaganda de los Aliados. Edith nació en una familia inglesa de clase media. Vivió en Bélgica, donde trabajó como institutriz durante cinco años, antes de regresar a Inglaterra y estudiar enfermería en Londres.
En 1907 fue reclutada como directora de una nueva escuela de enfermería en Bruselas y fue allí en donde realizó sus actividades más importantes, pues fue la responsable de introducir modernas técnicas en la escuela, a pesar de tener que trabajar en condiciones muy desfavorables y con una infraestructura anticuada.
Cuando la guerra estalló, Edith se encontraba visitando a su madre en Inglaterra. Eso podría haber sido considerado una gran fortuna (recordarán que Bélgica fue el primer país invadido por el Imperio Alemán, a pesar de ser neutral), pero esta enérgica mujer no abandonaría a sus colegas y alumnas, de modo que, apenas tuvo la oportunidad, volvió a Bélgica, en contra de los deseos de sus familiares y amigos.
La escuela de Edith se convirtió en un hospital de la Cruz Roja, abierto para heridos de todas las nacionalidades. Cuando las demás enfermeras británicas regresaron a casa, Edith y su asistente permanecieron en la Bruselas ocupada por los alemanes. "No puedo detenerme mientras haya vidas que salvar" dijo alguna vez. Ante el avance de los ejércitos del Káiser, Edith proveyó de escondite a los soldados aliados y ayudó a más de 200 de ellos a escapar hacia la neutral Holanda.
Los alemanes descubrieron sus acciones en 1915 y la acusaron de espionaje y colaboración con el enemigo. Tras su arresto, ella confesó los "delitos" que se le imputaban. Fue sentenciada a muerte y fusilada. Antes de morir, dijo que el patriotismo no era suficiente y que no debía sentir odio ni rencor por ninguna persona.
Los Aliados rescataron su historia y la convirtieron rápidamente en material de propaganda; una muestra de las atrocidades cometidas por esos bárbaros alemanes. Funcionó; la indignación estalló no sólo en el Reino Unido (donde precipitó una oleada de nuevos reclutamientos voluntarios), sino en Francia y del otro lado del Atlántico. Se erigieron monumentos en su honor y hasta se bautizó una montaña en Canadá con su nombre. Justo lo contrario de lo que ella quería, pues había expresado sus deseos de no ser recordada como mártir o heroína, sino como una enfermera que cumplía con su deber.
Ahora, dos datos curiosos e irónicos. Uno, que por esos mismos días los franceses fusilaron a una enfermera alemana por ayudar a compatriotas suyos a escapar de Francia. Sin embargo, el alto mando alemán ni protestó por este caso ni lo usó como propaganda: creían que los franceses tenían todo el derecho a fusilarla. Dos, que recientemente el MI5 (la agencia de inteligencia británica) reveló que en efecto Cavell estaba espiando para los ingleses, por lo que las acusaciones de los alemanes resultaron ser acertadas. Creo que eso sólo la hace aún más genial.
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Quizá la mujer más famosa de la Primera Guerra Mundial. La historia de Margaretha Zelle (su nombre real) es una de tragedia y osadía, de una mujer tratando de sobrevivir en un mundo de hombres arrogantes que quieren reducirla a una criatura dominada. Pero ella les viró la tortilla.
Nacida en 1876 en Holanda, a los 19 años se casó con Rudolph McLeod, un militar veinte años mayor que ella, y a quien conoció porque el señor había anunciado en un periódico que buscaba esposa. Con él se mudó a Indonesia, donde la pareja tuvo dos hijos (un varón que murió a los dos años y una niña que vivió para ver el final de la guerra, sólo para morir de sífilis al año siguiente). El matrimonio sólo duró cinco años, que para Zelle fueron de frustración e infelicidad, pues el hombre era alcohólico, abusivo e infiel. Ella se refugió en el estudio intensivo de la cultura local, en especial sus danzas. Por un tiempo abandonó a su esposo y se convirtió en bailarina exótica, adoptando el nombre artístico de Mata Hari, que en lengua malaya significa "El Ojo del Día".
Mata HariAl volver a los Países Bajos, la pareja se divorció. Entonces ella se mudó a París e inició una exitosa carrera como bailarina y modelo, cautivando a las audiencias con su exótico y sensual estilo dancístico y su coquetería. Elevó la danza exótica a un espectáculo artístico de altos vuelos que se ganaba los comentarios favorables de críticos prestigiosos.
Poco antes de la guerra, al cruzar la barrera de los 30 años, su carrera comenzó a declinar. Entonces se convirtió en cortesana de tiempo completo. Aunque no poseía una belleza espectacular, encantaba a los hombres con su personalidad sexy y desinhibida, consiguiendo así muchos privilegios de sus adinerados amantes. Y cuando inició la guerra, sus habilidades le permitieron hacerse de una nueva fuente de dinero.
Seduciendo hombres de uno y otro bando, Mata Hari obtenía información tanto de los alemanes como de los franceses y la vendía a ambos. Los franceses creían que trabajaba para ellos, mientras los alemanes pensaban lo mismo y así ella obtenía dinero de ambos.
Sin embargo, en 1917 las autoridades francesas habían interceptado telegramas alemanes y con ayuda de los británicos los habían descifrado. Estos mensajes hablaban de un misterioso agente cuyo nombre código era H-21, que la inteligencia francesa identificó como Mata Hari. Ella fue arrestada y acusada de espionaje, y por sus acciones se le achacó la muerte de 50 mil soldados franceses. En realidad, las acciones de espionaje de Mata Hari no habían tenido un impacto apreciable en el resultado de los combates, pero por esos días el ejército francés enfrentaba fuertes motines y tomó a la bella mujer como chivo expiatorio como parte de sus esfuerzos propagandísticos para demostrar que tras las sublevaciones estaba la manipulación extranjera (cuando fueron las deplorables condiciones en las que vivían los soldados las verdaderas causas de que se rebelaran).
Tras un juicio cuyo veredicto había sido decidido desde antes de que comenzara, Margaretha fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento a la edad de 41 años. Se dice que antes de morir, le envió besos a los soldados que estaban por dispararle y un periodista presente en la escena afirmó que ella no quiso que la ataran ni que le vendaran los ojos, y que tras recibir las descargas ella mantuvo la frente en alto y la expresión digna, siempre mirando a los hombres que le estaban quitando la vida.
Al no tener familia, su cuerpo fue usado para investigaciones médicas y su cabeza fue embalsamada y conservada en el Museo de Anatomía de París, de donde desapareció en una fecha indeterminada.
Tragedia, exotismo y sensualidad marcaron la existencia Mata Hari, la extraordinaria femme fatale que engañó y manipuló a hombres que dirigían ejércitos, una mujer cuyos últimos años de vida bien habrían podido formar la trama de una inverosímil novela de espías.


viernes, 8 de febrero de 2019

FLORA SANDES SOLDADO EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

LA MUJER SOLDADO, FLORA SANDES (1876-1956)




El papel que jugaron las mujeres durante la Primera Guerra Mundial se circunscribió básicamente a la sustitución de los trabajadores en las fábricas y a ejercer de enfermeras en los hospitales de campaña. Pero que una mujer estuviera en la primera fila del campo de batalla y fuera reconocida con destacadas condecoraciones no era en absoluto normal. De hecho, a excepción de las mujeres serbias que sí podían ingresar en el ejército, solamente una inglesa, con espíritu aventurero, sorprendió al mundo al convertirse en la primera mujer soldado de la Gran Guerra. Fue precisamente en aquel frente serbio en el que Flora Sandes pudo cumplir su sueño de luchar en el campo de batalla. Lejos estaban las aspiraciones familiares y sociales de convertir a esta hija de un párroco inglés en una dama dedicada a bordar y cuidar de su familia.

Flora Sandes nació el 22 de enero de 1876 en Nether Poppleton, Yorkshire, en Inglaterra en el seno de una amplia familia de clase media de origen irlandés. Flora era la pequeña de los ocho hijos del reverendo Samuel Dickson Sandes y su esposa Sophia Julia. Instalados de manera definitiva en Suffolk cuando Flora tenía nueve años, ella y sus hermanas recibieron la típica educación destinada a las niñas. Con una gobernanta dirigiendo su formación, Flora no se veía en el papel que la sociedad le tenía preparado de ser una dama elegante, apocada, dedicada a las labores del hogar. En sus ratos de estudio, la pequeña soñaba con montar a caballo, vivir aventuras y participar en batallas como un aguerrido soldado más.



Flora empezó a ver cumplidos sus sueños cuando heredó una importante suma de dinero de un tío rico y decidió invertirlo en viajar por el mundo. El Cairo, Canadá o el continente americano fueron algunos de los destinos de la joven aventurera.

De vuelta a Inglaterra, Flora empezó a dedicar su tiempo libre a colaborar con el cuerpo de primeros auxilios conocido como FANY fundado en 1907. Con tintes de organización paramilitar, allí aprendió algunos rudimentos de enfermería, a montar a caballo y algunas tareas pensadas solamente para los hombres.



En 1910 se unió al Women’s Sick & Wounded Convoy, otra organización de ayuda en el frente que dos años después tendría un importante papel en la primera guerra de los Balcanes.

Cuando la Primera Guerra Mundial estalló, Flora era una mujer de treinta y ocho años que vivía con un sobrino adolescente y con su anciano padre en Londres. Sin pensárselo dos veces se enroló como voluntaria en el servicio de ambulancias Saint John y ocho días después, el 12 de agosto de 1914, marchaba con el primer convoy británico de ayuda al frente serbio junto a una treintena de mujeres.

En la ciudad en la que se instalaron, Kragujevac, Flora empezó a colaborar con la Cruz Roja serbia. Su periplo con las ambulancias siguiendo el frente de guerra la llevó hasta Albania donde aprovechó una ocasión en la que fue separada de su grupo para enrolarse como soldado en el ejército serbio. Flora no tuvo ningún problema pues este era el único que aceptaba mujeres soldado en sus filas.



Su carrera militar fue entonces imparable. Pero en una batalla, una granada la hirió gravemente y salvó su vida gracias a un soldado lituano que la rescató del frente. Su heroicidad fue premiada con una medalla de honor serbia y con el rango de sargento mayor y de oficial pero el precio fue muy elevado, pues el lado derecho de su cuerpo quedó malherido para siempre. Incapacitada para volver al frente, Flora no volvió a casa, sino que permaneció en Serbia organizando un hospital de campaña.

Cuando a finales de 1922 Flora Sandes fue desmovilizada se encontró perdida sin saber muy bien cómo reconducir su vida. Fue gracias a un joven soldado ruso doce años más joven que ella y que en la guerra estuvo a sus órdenes, quien le dio un nuevo sentido a su vida. En 1927 Flora y Yuri Yudenitch se casaron y marcharon a vivir a la recién formada Yugoslavia.



La pareja vivió tranquila hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial cuando Flora, ante la invasión Alemana, volvió a enfundarse sus botas y su traje de militar para volver a filas. El control de Yugoslavia por parte de los nazis no tardó en producirse. Flora, que entonces tenía sesenta y cinco años fue detenida por la Gestapo y liberada pocos días después. En aquel tiempo sufrió también la tristeza de perder a su amado Yuri.

Para ahuyentar la soledad, Flora, a pesar de su edad y de las secuelas dejadas por la guerra, marchó con su sobrino a viajar por el mundo como ya hiciera años atrás. De vuelta a Suffolk y postrada en una silla de ruedas, la nostalgia de los tiempos como soldado la hizo estar vinculada hasta el fin de sus días a la Asociación de Salonika, en la que siempre fue tratada como una auténtica heroína.



El 24 de noviembre de 1956 fallecía en el hospital de East Suffolk a la edad de ochenta años. Pocos días antes, había renovado su pasaporte. Dos textos autobiográficos escritos en distintos momentos de su apasionante existencia permanecen como testimonio de una vida excepcional.


jueves, 24 de enero de 2019

MAT HARI

LA HISTORIA DE MATA HARI





Nacida en 1876 en la ciudad holandesa de Leeuwarden, Margaretha Zelle vivió hasta los dieciocho años en el seno de una familia acomodada, recibió una educación cristiana y se preparó para ejercer la profesión de maestra. Pero en 1895 contrajo matrimonio con un oficial del ejército colonial holandés, Rudolf Campbell Mac Leod, y la joven Margaretha acompañó a su esposo cuando fue destinado a Java y Sumatra. Allí aprendió las exóticas danzas folclóricas balinesas, y tuvo al parecer dos hijos, uno de los cuales murió envenenado por su niñera.




Tras divorciarse a los cinco años de matrimonio, probablemente a causa del alcoholismo de su marido, regresó a Europa y se estableció en París, donde inició una nueva vida en los salones y casinos de la Belle Époque, explotando su natural y provocativa belleza, su atrevimiento para aparecer semidesnuda en los escenarios y su conocimiento de los sensuales bailes malayos, que ejecutaba con total desenvoltura. Margaretha Zelle adoptó como nombre artístico Mata Hari, que literalmente significa «ojo del día» en malayo, es decir, «sol». Al cabo de algunos años, aquella atractiva bailarina de danzas hindúes y javanesas había pasado de los sórdidos tugurios a los lujosos cabarets y teatros, hasta convertirse en mito sexual de los escenarios parisinos y en cortesana de lujo. Ello le permitió entablar numerosas relaciones con personas pertenecientes al estamento militar.

Armada de valor y amparada en su exótico físico, se inventó una identidad y se lanzó al espectáculo en París como la bailarina Mata Hari ("ojo del alba", en javanés), especializada en danzas eróticas. Pronto creció su fama y frecuentó a hombres ricos, políticos y militares que engrosaron su lista de amantes. Entre 1904 y la I Guerra Mundial fue la cortesana más famosa de la época, conoció todas las ciudades de Europa y no pocos secretos de política gracias a las confidencias de alcoba.



Lo ocurrido a partir de entonces sigue siendo dudoso. Al parecer, tales contactos llamaron la atención del Estado Mayor alemán, y en la primavera de 1916, el cónsul alemán en Holanda empezó a ofrecerle importantes sumas de dinero a cambio de información. Pero en verano de 1916, la bailarina aceptó asimismo convertirse en espía, al servicio de Francia, en la Bélgica ocupada por los alemanes. Convencidos de su condición de agente doble, los servicios de espionaje británicos alertaron a las autoridades francesas, que la sometieron a estrecha vigilancia; el 13 de febrero de 1917, Mata Hari fue detenida en París. y sometida a juicio, donde se la condenó a muerte acusada de aprovechar sus relaciones íntimas para trabajar como agente de Alemania. Ella lo negó, alegando que se acostaba con militares por placer, y no por deber. Tras un juicio sumarísimo en el que no llegaron a presentarse pruebas concluyentes, Mata Hari fue fusilada en la fortaleza parisina de Vincennes el 15 de octubre de 1917; antes de morir se despidió de los soldados del pelotón agitando la mano elegantemente. Su cuerpo nunca fue reclamado, tenía 41 años La negativa del Estado francés a desclasificar la documentación de su proceso transcurridos los cincuenta años de su muerte dejaría sin esclarecer multitud de aspectos, y ha contribuido a mantener una aureola de misterio en torno a su figura; pero pese a su posible inocencia, que proclamó durante la causa, Mata Hari acabaría pasando a la cultura popular como prototipo de «femme fatale».



Mat Hari y Cinco Curiosidades


1. Holandesa de nacimiento, vivió en Java en su juventud: allí había sido destinado su marido, un militar más de veinte años mayor que ella. Y de allí se trajo, a su vuelta a Europa, los bailes exóticos que la hicieron famosa y su mítico seudónimo: matahari significa, en malayo, ojo del día o Sol.

2. La acusación de espionaje para Alemania por la que fue juzgada y ejecutada en Francia en 1917, en plena I Guerra Mundial, se basó en indicios no concluyentes y tan débiles que una asociación de su ciudad natal, Leeuwarden, solicitó póstumamente -sin éxito- la revisión del caso al gobierno francés. Ella misma lo negó con una célebre frase: "Una ramera, sí, pero una traidora, ¡jamás!".

3. Como solía hacerse con los ajusticiados en aquella época, su cuerpo no fue enterrado, sino que se empleó para que aprendiesen anatomía los estudiantes de Medicina de la Universidad de la Sorbona (París). En cambio, su cabeza fue embalsamada y estuvo en el Museo de Criminales de Francia hasta 1958: ese año fue robada, tal vez por un admirador, y nunca más se supo de ella.

4. Aunque obtuvo su fama como bailarina oriental y cortesana, y ha pasado a la Historia como espía, su verdadera vocación era ser actriz. No lo logró, pero en fecha tan temprana como 1920, sólo tres años después de su muerte, sus fascinantes peripecias ya fueron llevadas al cine con la germano-danesa Asta Nielsen en el papel. Aunque la Mata Hari fílmica por antonomasia fue la gran Greta Garbo en la película del mismo nombre de 1931.

5. Su obsesión por los uniformes y los militares desde la adolescencia, de la que hablan todas sus biografías, sería hoy calificada sin duda como fetichismo por los psicólogos. "Amo a los militares. Prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero rico", dijo. Tal vez por ello se casó con el capitán Rudolf McLeod en 1895. Y, durante su famoso juicio, fue acusada de haberse acostado "con la milicia de media Europa".



"Amo a los militares. Los he amado siempre y prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero rico", declaró la espía durante el proceso que la condenó a muerte.

Pocas mujeres han despertado tantas pasiones y sembrado tanto misterio a su alrededor como Mata-Hari, la más legendaria espía de nuestro siglo. Ella misma se encargó durante años de urdir la inextricable red de rumores y fantasías que envolvieron en una nebulosa a aquella bailarina exótica, apasionada, amante de un batallón de caballeros influyentes y arriesgada espía, hasta que las biografías han podido demostrar que la famosa bailarina hindú, aclamada en París, en Berlín y en Montecarlo, no era más que una mentirosa patológica y una aventurera caída en desgracia. Pero lo malo no es que Mata-Hari, o mejor, Margaretha Geertruida Zelle, fuera una impostora, una bailarina abominable y una espía de medio pelo, dispuesta a venderse al mejor postor. Lo peor fue que a causa de sus muchos embrollos se vio condenada a morir a los 41 años ante un pelotón de fusilamiento en el castillo de Vincennes. "La verdad es que como espía fue poca cosa" ,diría con indudable cinismo el capitán Ladoux, el mismo que había pedido para ella la pena capital.

Lo cierto es que Margaretha Geertruida, que se fabricó un pasado en la India en el seno de una familia de brahamanes, no era más que la hija de Adam Zelle, un modesto sombrerero holandés al que sus vecinos apodaban el Barón, por sus delirios de grandeza y sus costumbres extravagantes. A los seis años, Margaretha Zelle, fue matriculada en el colegio más caro de la ciudad y enviada a clase, el primer día de curso, en una carretela dorada tirada por dos cabritas blancas enjaezadas como para unos esponsales principescos. Las burlas de sus compañeras no hicieron mella en la futura Mata-Hari que descubrió pronto el placer de verse convertida en el centro de todas las miradas. "Era diferente de las demás niñas -dijo años más tarde una compañera-, en su naturaleza estaba el deseo de brillar".

El sombrerero, como era de esperar, acabó arruinado y separado de su esposa, fallecida prematuramente minada por las disputas conyugales, pero convencido de que la belleza exótica de su hija le iba a resarcir de tanto sinsabor. Y no le faltaba razón. La fama de seductora de Margaretha se inició a los quince años, en la Escuela Normal de Lyden, donde fue enviada junto con sus hermanos, en vista de la incapacidad del padre para educarles con sensatez. La mayor parte de sus años en Lyden los pasó huyendo del acoso sexual y de los castigos del director de la institución, un tal Wibrandus Haanstra, quien llegó a arrastrarse a sus pies, a gimotear en público y a escribir horrendas poesías con tal de conseguir sus favores. 

Amante de la milicia. La obsesión de Mata-Hari por los uniformes militares es bien conocida para cualquiera que haya hojeado alguna de sus biografías. "Amo a los militares. Los he amado siempre y prefiero ser la amante de un oficial pobre que de un banquero rico", declaró durante su proceso ante la acusación de haberse acostado con la milicia de media Europa. No es de extrañar que su matrimonio con el capitán Rudolf McLeod apareciera ante sus ojos como la antesala de un sueño, que muy pronto se tornaría en pesadilla. La joven Zelle tenía entonces 18 años y muchas ganas de zafarse de la vigilancia de su tío en La Haya, con quien se había refugiado tras escapar del colegio y del baboso profesor Wibrandus. Una mañana de 1895 encontró este anuncio salvador en el periódico Her Nieuws Van Der Dag: "Oficial destinado en las Indias Orientales holandesas desearía encontrar señorita de buen carácter con fines matrimoniales". Sólo se pedía una carta con referencias, pero Margaretha añadió una fotografía, convencida de impresionar al capitán.

La cita galante tuvo lugar a la puerta del Rijsmuseum de Amsterdam un día de marzo de 1895. Él tiene 39 años, apostura marcial, un bigote aparatoso, galones, chaquetilla y sable. Ella, 18, y es una insólita holandesa, morena y de ojos profundos. Resultó inevitable el coup de foudre. Después del almuerzo, el deseo los condujo a un coche de punto. Nada cuesta imaginar una pasión incendiaria, un enredo de brazos y piernas y, más tarde, unas cartas ansiosas que sellan el amor iniciado. "Qué suerte que los dos tengamos el mismo temperamento ardiente", escribiría Margaretha en esos días. Tanto ardor acabó en un embarazo y en una boda precipitada sin los fastos que había soñado el pomposo padre de la novia.

En las Indias Orientales holandesas se fraguará la aventura de Mata-Hari. Mac Leod es nombrado comandante del primer batallón de infantería en Java y allí se trasladan ambos esposos con su hijo Norman. Allí nació Louise y empezaría Margaretha a interesarse por las danzas nativas, que le iban a proporcionar largas horas de placer ante el espanto del comandante que empezó a acusarla de disoluta y viciosa. Lo que antes era hechizo, ahora era perversión, y se desató el infierno conyugal. En una ocasión Mac Leod se quejó a su hermana justificando la animadversión hacia su consorte: "¿Cómo puedo hacer para quitarme de encima a esa maldita sin perder a mis hijos?... ¡Ay! Si tuviera dinero para comprar su consentimiento, pues la maldita hace todo por dinero".

Pupila de la aurora. Ella, por su parte, le tachará de borracho y violento, y le culpará de la muerte del hijo, acaecida en circunstancias extrañas. Años más tarde, Mata-Hari declaraba que no mostraba sus pechos totalmente desnudos porque su ex marido, en un ataque de furia, le había arrancado el pezón izquierdo de un mordisco. El caso es que en 1902 se separaron. La pequeña Louise se quedó con el padre, y la señora Mac Leod se esfumó sin dejar rastro, hasta que reapareció en París convertida en la danzarina hindú Mata-Hari.

"Mi madre, gloriosa bayadera del templo de Kanda Swany, murió a los catorce años, el día de mi nacimiento. Los sacerdotes me adoptaron y me pusieron Mata-Hari, que quiere decir `pupila de la aurora'", contaba impávida. Decía que en la pagoda de Siva aprendió los sagrados ritos de la danza.

Con este currículo completamente amañado, unas contorsiones sensuales y misteriosas, y un cuerpo hermoso prácticamente desnudo, a excepción de las cúpulas de bronce que cubrían los senos, se dispuso Mata-Hari a conquistar el mundo desde el Museo de Arte Oriental de París, en una función promovida por el coleccionista Guimet. Basta con leer la crónica del 18 de marzo de 1905, de La Presse, para saber que los parisinos quedaron fascinados: "Mata-Hari es Absaras, hermana de las ninfas,de las Ondinas, de las walkirias y de las náyades, creadas por Indra para la perdición de los hombres y de los sabios."

Ella, entretanto, fomentaba su leyenda relatando su biografía de mil maneras diferentes, hasta que nadie sabía muy bien quién era ni de dónde salía. Tuvo protectores ricos y contratos suculentos en las grandes capitales europeas, aunque fue rechazada para bailar en el teatro Odeón de París, que dirigía el célebre Antoine. Tampoco pudo encajar nunca el desprecio de Diághilev, que no se molestó en recibirla, a pesar de que Mata-Hari lo intentó con insistencia.


Cuestión de mala suerte. Tuvo la mala suerte de estar actuando en Berlín cuando estalló la guerra del 14. Y lo que es peor, tuvo la mala suerte de ser por esas fechas la amante del jefe de policía de la ciudad, y un poco más tarde de Kraemer, cónsul alemán en Amsterdam y jefe del espionaje de su país. Los franceses no se lo perdonarían.

Lo cierto es que Kraemer piensa en ella para sonsacar información a los militares franceses. A cambio, naturalmente, de sumas considerables. Tras el regateo, Mata-Hari acepta y se convierte en la agente H-21. Pero la bailarina era ambiciosa e inconstante en sus afectos, y tal como había hecho siempre con los amores, decidió jugar a dos barajas y convertirse en agente doble. Ni corta ni perezosa se ofrece en París al capitán Ladoux, a quien sabe al frente del Servicio de Espionaje y Contraespionaje francés. A partir de ese momento, Ladoux se dedica a seguir todos sus pasos y a vigilarla de cerca. Una mujer que no puede pasar desapercibida, resulta ser una pésima espía. Si además es propensa a la mentira, al embrollo y a acostarse con cualquier apuesto caballero con tal de que tenga un par de galones, las cosas pueden complicarse mucho.

Pese a estar muy enamorada por aquel entonces del oficial Vadim Masslov, varios años más joven que ella, sus intrincados asuntos de alcoba entre Madrid, Amsterdam y París, acelerarán su caída y su detención acusada de espionaje. En el interrogatorio se volverían contra ella sus últimas andanzas con la milicia: "Desde junio de 1916 habéis entrado en relación con los militares de todas las nacionalidades que estaban de paso en París.

Así el 12 de julio habéis almorzado con el subteniente Hallaure. Del 15 al 18 de julio habéis vivido con el comandante belga De Beaufort. El 30 de julio salisteis con el comandante de Montenegro, Yovilchevich. El 3 de agosto con el subteniente Gasfield y el capitán Masslov. El 4 de agosto os citabais con el capitán italiano Mariani. El 16 almorzabais con los oficiales irlandeses, Plankette y O'Brien, y el 24, con el general Baumgartem". El listado continuaba y aquí fue cuando Mata-Hari aseguró que amaba a los militares de todos los países y que sólo se acostaba con ellos por placer, no para sacarles información.

Imagen de una reconstrucción posterior de la ejecución


Es muy probable que esa fuera la única verdad que dijo en su vida. El tribunal francés la acusó de alta traición y la condenó a muerte sin pruebas concluyentes. En parte, para subir los ánimos de un país en guerra, al que se le ofrecía una sensacional ejecución con intenciones edificantes.

Imagen de la ejecución reconstruida

Murió con una serenidad inusitada el 15 de octubre de 1917. Vestida y maquillada como para una gran ceremonia, no permitió que le taparan los ojos y miró sin rencor a los oficiales del pelotón de fusilamiento. Nadie reclamó su cadáver.

Redacción y Maquetación J.M.G 

miércoles, 23 de enero de 2019

EL BATALLÓN DE LA MUERTE DE MARIA BOCHKARIOVA

Batallón de mujeres

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María Bochkariova y Emmeline Pankhurst en formación frente a uno de los Batallones de la muerte de mujeres.
El Batallón de mujeres o Batallón de la muerte de mujeres (en rusoЖенские батальоны смерти)? fueron una serie de unidades militares compuestas exclusivamente por mujeres y que se crearon por orden del Gobierno Provisional Ruso tras la Revolución de Febrero de 1917. La formación de este batallón fue un último esfuerzo para alentar a los desmoralizados soldados que luchaban en las batallas de la Primera Guerra Mundial.
La creación de estas unidades tuvo como principal motivo un efecto propagandístico pues las autoridades pensaban que el ejemplo de estas mujeres revitalizaría a las cansadas tropas y esperaban también que la presencia de mujeres en combate avergonzaría a los soldados más melindrosos y los inspiraría para reanudar la lucha.1
Cerca de una quincena de unidades, ninguna más grande que un batallón, fueron reclutadas durante los meses de junio a agosto de 1917 entre las mujeres que se ofrecieron voluntarias para prestar servicio en primera línea.2​ Entre las formaciones creadas destacan:
  • 1.er Batallón de la muerte de mujeres rusas.
  • 1.er Batallón de mujeres de Petrogrado.
  • 2.º Batallón de la muerte de mujeres de Moscú.
  • 3.er Batallón de choque de mujeres de Kuban.
Incluso hubo una unidad naval femenina creada en Oranienbaum, el 1.er Destacamento naval de mujeres, el cual estaba integrado dentro de la Infantería de Marina.
Se estima que unas 5.000 mujeres servían en estos batallones a finales de 1917 pero solo el 1.er Batallón de la muerte de mujeres rusas y el Batallón Perm fueron enviados al frente.3

Unidades destacadas

1.er Batallón de la muerte de mujeres rusas


M.Bochkariova(Yashka), creadora de los Batallones de mujeres.
En mayo de 1917,María Bochkariova, una campesina que había servido en el Ejército Ruso desde noviembre de 1914 y que fue ascendida a suboficial, hizo una petición al gobierno para crear un batallón de mujeres soldados bajo sus órdenes.​ A finales de mayo Alexander Kerensky, ministro de guerra del Gobierno Ruso Provisional autorizó la formación en Petrogrado del 1.er Batallón de la muerte de mujeres rusas.​ Esta primera unidad de combate formada exclusivamente por mujeres atrajo en un principio a unas 2.000 voluntarias con edades comprendidas entre los 18 y los 40 años. Pero la estricta disciplina impuesta por Bochkariova y su negativa a que se formaran Comités de soldados, redujo drásticamente el número de alistadas hasta sólo 300.
Enviadas al frente contra los alemanes durante la Ofensiva de Kérenski fueron asignadas al 525 Regimiento Kiuruk-Darinski y emplazadas en una trinchera cerca de Smorgon. Cuando se dio la orden de avanzar, los desmoralizados y cansados batallones masculinos vacilaron. Sin embargo, las mujeres decidieron ir hacia delante con ellos o sin ellos y consiguieron traspasar hasta tres trincheras dentro de terreno alemán. No obstante, los relevos nunca llegaron y se vieron forzadas a retirarse perdiendo todo el terreno ganado en la ofensiva..​ En el informe posterior, el comandante del regimiento alabó la iniciativa y valor del Batallón de mujeres.
El 1.er Batallón de la muerte de mujeres rusas a las órdenes de Bochkariova se mantuvo en el frente después de la Revolución pero no tardó en disolverse debido a la creciente hostilidad por parte de los soldados masculinos resentidos por las veces que las mujeres impedían las retiradas.​

1.er Batallón de mujeres de Petrogrado


Mujeres pertenecientes a la 2ºDivisión frente al Palacio de Invierno

Miembros del Batallón de mujeres en el verano de 1917.
La formación del primer batallón femenino creado por Bochkariova llevó a otras muchas mujeres de toda Rusia a solicitar al gobierno su inclusión en las Fuerzas Armadas. El Ministerio de la Guerra se vio inundado con innumerables cartas y peticiones, tanto individuales como de grupos de mujeres, que pedían la oportunidad de servir a su nación en el frente. En junio el ministro Kerensky aprobó la creación de una unidad de combate adicional en Petrogrado, el 1.er Batallón de mujeres de Petrogrado, con un núcleo principal que lo componían entre 1.100 y 1.400 mujeres y dos destacamentos de comunicaciones formados por 100 mujeres cada uno. Sus entrenamientos no sólo consistían en instrucción, prácticas de tiro y maniobras nocturnas, sino que además se daban clases a aquellas que no supieran leer y escribir.​
El 25 de octubre de 1917, al batallón se le ordenó que acudiera a la Plaza del Palacio para pasar revista antes de ser enviadas al frente. Sin embargo, tras el desfile, al batallón se le ordenó defender al Gobierno Provisional Ruso en el Palacio de Invierno pero la oficial al mando se negó.​ Incluso, una sub-división de la segunda compañía, 137 soldados, fueron desplegados para vigilar unos camiones de combustible cercano pero no tardaron en encontrarse defendiendo el Palacio contra las unidades de cosacos y cadetes. Pronto se vieron ampliamente superadas en número por las fuerzas pro-Bolcheviques y finalmente se rindieron.
Después de su captura corrieron rumores por la ciudad de violaciones en masa sin embargo, entre las posteriores declaraciones de las mujeres sólo se constataron tres casos de violación pero muchas quejas de abusos verbales, violencia psicológica y amenazas de violencia sexual.​ La esposa del embajador británico en Rusia pidió al agregado militar adjunto en Petrogrado, General Alfred Knox, que interviniera para lograr la liberación de las mujeres lo que se consiguió el 26 de octubre.​ La mayoría de ellas volvieron a su campamento en las afueras de la ciudad y fueron rearmadas.

2.º Batallón de la muerte de mujeres de Moscú

El 2.º Batallón de la muerte de mujeres de Moscú, formado también con dos destacamentos separados de comunicaciones, se creó en Moscú en junio de 1917 y a finales de verano el batallón lo integraban unas 1.000 mujeres.16​ Finalmemte, ante la falta de apoyo por parte de las autoridades, el batallón decidió su disolución. A pesar de ello, 500 mujeres solicitaron su traslado al frente y sus solicitudes aceptadas sin el conocimiento del Estado Mayor.​

3.er Batallón de choque de mujeres de Kuban

La autorización desde le gobierno de la creación de unidades militares de mujeres animó a organizaciones privadas femeninas a formar sus propias unidades para-militares las cuales aparecieron en numerosas ciudades por toda Rusia. En un intento de satisfacer la demanda popular y tener a estas unidades bajo control, el Ministerio de Guerra amplió el permiso para la creación de formaciones militares.
Un cuarto batallón de combate se formó en Ekaterinodar, el 3.er Batallón de choque de mujeres de Kuban, creado a partir de una unidad para-militar existente.​ Este batallón tuvo numerosos problemas de organización y suministro.

Destino final de los batallones de mujeres


Principales oficiales del 1.erBatallón de la muerte de mujeres rusas. María Bochkariova se sienta en el extremo izquierdo.Verano de 1917.
La ampliación de los permisos no puso fin a la creación de organizaciones para-militares femeninas y el gobierno se vio imposibilitado para controlar estas formaciones que hasta las propias mujeres oficiales se veían incapaces de manejar. En cualquier caso, nunca existió un consenso claro en la administración militar sobre el posible potencial de estas unidades y esto, junto a las severas restricciones que sufría el país, significó que el Ejército pusiera un escaso entusiasmo en el proyecto. De este modo, las unidades de mujeres recibieron poca atención y una asistencia deficiente por parte de la administración.
Gran cantidad autoridades militares rusas esperaban ver a las mujeres comportarse valientemente en la batalla lo que tendría un efecto positivo entre los soldados masculinos y a pesar de que las mujeres actuaron con arrojo en combate y no sufrieron excesivas bajas, esto no bastó para inspirar a las masas de cansados y desmoralizados combatientes rusos a reanudar la lucha.
Después de que el 1.er Batallón de la muerte de mujeres rusas fracasara en sus efectos moralizadores sobre las tropas, algunos miembros de las Fuerzas Armadas comenzaron a cuestionar la utilidad de estas unidades femeninas. Así el gobierno se encontró en serias dificultades para seguir justificando el desvío de valiosos recursos bélicos hacia un proyecto de dudosa eficacia y a fue partir de agosto de 1917 cuando creció la inclinación por parte de las autoridades militares de discontinuar la formación de mujeres para propósitos de combate.​ Ante la retirada del apoyo oficial, el 2.º Batallón de la muerte de mujeres de Moscú, comenzó su disolución en septiembre pero no fue impedimento para que 500 mujeres solicitaran su traslado al frente y sus solicitudes se acabaran aceptando sin el conocimiento del Estado Mayor.​
Ante la decisión de qué destino dar a las unidades de mujeres, los militares primero decidieron integrarlas dentro de tareas auxiliares, lejos del frente, tales como vigilancia de ferrocarriles, pero esta propuesta chocó frontalmente con los hombres que estaban desempeñando estas funciones por temor a que fueran ellos a los que enviaran al frente.​ De este modo, el 30 de noviembre de 1917, el nuevo gobierno bolchevique ordenó oficialmente la disolución total de cualquier formación militar femenina. De todos modos, algunas mujeres del batallón de Petrogrado y del batallón de Kuban permanecieron ligadas a sus campamentos hasta 1918. Algunas de las mujeres que sirvieron en estas unidades terminaron luchando para ambos bandos en la Guerra Civil Rusa.​